03 mayo 2016

Diez escritores y escritoras sobre la designación de Manguel en la Biblioteca Nacional

CULTURA 

3 mayo, 2016

Diez escritores y escritoras sobre la designación de Manguel en la Biblioteca Nacional

Desde Notas les pedimos a diez autores y autoras una breve opinión sobre la designación del escritor Alberto Manguel al frente de la Biblioteca Nacional, en reemplazo de Horacio González. La decisión de asumir recién en julio, los 250 despidos y el escrache en la apertura de la Feria del Libro.

Alberto Manguel fue designado como director de la Biblioteca Nacional en diciembre de 2015 por el nuevo ministro de Cultura Pablo Avelluto. Además de escritor, ha sido periodista, docente universitario y conferencista en diversas universidades del mundo. Buena parte de su obra fue escrita en inglés.

Manguel, ausente de la Argentina desde hace más de cuatro décadas, puso como condición asumir su cargo recién en julio de 2016. En febrero realizó una breve visita al país y pasó por la Biblioteca Nacional. Hace algunos días tuvo a su cargo la apertura de la Feria del Libro en Buenos Aires, donde decenas de despedidos de la institución le realizaron un escrache.

Desde Notas, les pedimos a diez escritores y escritoras una opinión sobre la designación de Manguel, su posible gestión en la Biblioteca y su responsabilidad frente a los recientes recortes de personal.

Selva Almada

“Cuando designaron a Alberto Manguel como director de la Biblioteca Nacional (BN) sólo lo conocía de nombre, ignoraba su trayectoria y no podía mencionar un solo libro suyo. Ni siquiera estaba segura de si era escritor o académico o las dos cosas. Entonces empecé a leer los posteos emocionados de mis contactos de Facebook, la mayoría abiertamente contrarios al gobierno de Macri, que se alegraban y lo veían como la única buena medida tomada entre los desastrosos DNU. Así que pensé que entonces no estaría mal.

Pero alguien que decide no asumir su cargo hasta varios meses después, que no se pronuncia mientras despiden a doscientos y pico de trabajadores de la institución que dirige, que no propone alternativas, que se hace el desentendido antes las cartas firmadas no sólo por personalidades de la cultura argentina sino también internacional, que mira para otro lado cuando grupos de personas van y reclaman en su cara en la Feria del libro… Alguien que se mueve con tanta indiferencia y falta de respeto no tendrá nunca mi apoyo”.

Martín Kohan

“He leído una entrevista en la que Alberto Manguel aseguró que no iba a haber despidos en la BN bajo su responsabilidad, y que al convocarlo para tan importante cargo, nadie le había exigido semejante cosa. ¿Hay que creerle? Por supuesto, es lo que corresponde. ¿Qué pensar, entonces, de los numerosos despidos que se produjeron en la Biblioteca? Alegar que Manguel no asumió todavía es pueril, casi provocativo: o Manguel es el responsable o la Biblioteca Nacional está acéfala. Es preferible pensar lo primero.

Por ende, lo que debemos suponer es que, a la distancia y muy ocupado, Manguel no está enterado todavía de las decenas de despidos que se produjeron y que lo estarían haciendo quedar como un cínico. Los carteles que se alzaron la otra noche ante su discurso de inauguración de la Feria del Libro seguramente no alcanzó a verlos. Los muy lectores somos a menudo también miopes, de lejos no vemos bien. Pero apenas Manguel tome nota de lo que ha estado pasando, cumplirá con su palabra y los puestos de trabajo en la Biblioteca Nacional se preservarán. ¿Hay que creerlo? Es lo que corresponde”.

Marta Dillon

“No leí a Alberto Manguel. No conozco a nadie que lo haya leído. Lo que sé de él es que fue lector de Borges cuando era joven y que hizo su carrera en el exterior y que vivió en un castillo. Y que es el director de la Biblioteca Nacional que empezó su gestión (¿empezó su gestión?) despidiendo a más de 200 trabajadores y trabajadoras. Cuando el conjunto sea reincorporado, sabremos algo más de él.

Por ahora es un señor que tiene una biblioteca muy grande y que desconociendo el trabajo de cientos de personas y prácticamente todo de nuestro país, se dio el lujo de despedir, reincorporar, generar terror, ocasionar la muerte de un trabajador y apenas inmutarse frente a ese panorama”.

Kike Ferrari

“Alberto Manguel, a quién conocemos sobre todo porque de adolescente le leía en voz alta a Borges y a veces comía con él y con Bioy, dice que la BN debe cumplir el rol de una biblioteca. Uno puede preguntarse cuál es el rol de una biblioteca para Manguel. Puede preguntarse si participar en la vida cultural del país, de los debates culturales del país no es tarea de la BN. ¿O cree, Manguel,  que la razón de ser de la BN es prestar libros?

Sabemos que en el 2000 Manguel se mudó a Poitou-Charentes, en Francia, donde compró y recicló un antiguo castillo medieval para poner ahí su biblioteca personal de más de 40 mil ejemplares. ¿Quién visita la biblioteca de Poitou-Charentes? ¿Qué le hace pensar a Manguel que podrá manejar la BN como su castillo francés?”

Raquel Robles

“Tal vez en el ámbito de la cultura se sienta con mayor fuerza la falacia del ‘técnico independiente’. Pareciera que se puede hacer música, literatura, pintura, sin que esos actos incidan políticamente en la trama social en la que se insertan. Horacio González hizo un intenso trabajo político en su gestión y Manguel, con su mando a distancia y su gestión virtual, también. Más allá de las opiniones que cada uno tuviera sobre el kirchnerismo, lo que para todos era claro es que había múltiples y diversas grietas por donde trabajar, producir y hasta tener la ilusión de hacer el bien.

Esta nueva etapa parece no tener grietas de ningún tipo. El mal se multiplica y se diversifica en todas sus expresiones. Nunca hubo ninguna posibilidad de ser funcionario público ‘técnico’ o ‘apolítico’. Ahora no hay modo de ser funcionario sin ser o convertirse en un funcionario del mal. De todas maneras no nos preocupemos. Manguel, en su discurso de apertura de la Feria del Libro y sus extorsiones revanchistas en la mesa de negociaciones por los despedidos a raíz del escrache, nos dejó en claro que ya no le importa ser recordado como el hijo putativo de Borges y que sólo le interesa hacer la experiencia de trabajar entre muchos libros”.

Gustavo Pecoraro

“En un gobierno que parece ir tan a los ponchazos que hasta opaca las Testarossa de Menem, la parábola del despropósito se ubica en el nombramiento de Alberto Manguel cuyas funciones monitorea desde New York pero que no acreditará hasta julio. En ese no asumir de Manguel (que no le impide abrir «oficialmente» la Feria del Libro) reside una manera de enclosetar su designación en la que de todos modos suele regodearse. ‘Sería ingrato no aceptar un puesto que ocupó Borges’, repitió más de una vez.

Compararse con Borges tiene su osadía. Tanta como no hacerse cargo del puesto para el que fue elegido por el Ministro de Cultura. ‘No hay ninguna persona, ningún argentino con más condiciones que usted’, le dijo en su oportunidad Pablo Avelluto. Hay una canción que dice que New York en esta época es maravillosa. A ver si alguien se lo pregunta a Manguel cuando se lo cruce por estas tierras”.

Ángela Urondo Raboy

«No ubico a Manguel. No lo leí, no sé bien quién es.  Lo guglié para ver a quién habían puesto en reemplazo de Horacio González, a quien fácilmente ubico, como escritor, funcionario público y como persona, de haberlo visto en la Biblioteca o en la calle, con el gusto de leerlo y con esfuerzo, a veces, de entender algo. Quien fuera el cambio propuesto por este gobierno al que tanto le costó llegar al poder, y especialmente en el debut de la derecha a través de las urnas, debía ser una opción superadora. Sin embargo, la primera acción de este Manguel fue romper 250 veces su promesa de no despidos.

Manguel rompe su palabra en la casa de las palabras. Un gesto, concreto y simbólico, que es un retrato palmario de la gestión que representa. Este gobierno viene a querer romper el sentido de todas las palabras. Cambiando pasado por futuro, llamando ñoquis a los trabajadores, grasa militante a los nuevos perseguidos políticos o curro a los derechos humanos. Por último, cabe destacar que Manguel no habita en el país que administra. Deshecha, deshace a distancia, pero no viene a trabajar. El nuevo director es el principal mega ñoqui en la Biblioteca Nacional».

Ignacio Molina

«De la figura de Alberto Manguel no puedo decir demasiado: sólo sé que, por haberle leído algunos libros a Borges en voz alta en los sesenta, viene robando desde entonces, y que cuando hace unos meses le preguntaron por qué aceptaba el cargo ofrecido por el gobierno de ultraderecha dijo la siguiente banalidad: “Sería ingrato no aceptar un puesto que ocupó Borges”.

De lo que sí estoy más al tanto es de su gestión en la Biblioteca Nacional, aunque aún no haya asumido oficialmente: del despido injustificado de cientos de profesionales que vienen trabajando desde hace años, del cierre arbitrario de programas, de la brutal persecución ideológica y de los carros de la Policía Federal rodeando la manzana de la Biblioteca. Una gestión a la distancia que va en sintonía con las políticas de desguace y destrucción que se están llevando a cabo en todas las áreas del gobierno macrista, acaso el más dañino, después de las dictaduras militares, que hayamos vivido en la Argentina».

Juan Bautista Duizeide

“No tengo demasiado para decir de Manguel aparte de lo que sabemos por los medios: que al parecer se quintuplicó el sueldo respecto del que cobraba Horacio González, que se hizo el tremendo pelotudo ante el escrache en la Feria del Libro, que dejó que le hicieran el trabajo sucio mientras él seguía en New York City, que ya no es sólo un cómplice sino un partícipe necesario.

No tengo, además, ni uno solo de sus libros. Apenas una antología de relatos que coordinó a fines de los años sesenta para Galerna, basada en el grabado de Durero: El caballero, el diablo y la muerte. Siempre uso esa antología, titulada Variaciones sobre un tema de Durero, en los talleres que doy sobre Haroldo Conti ya que a partir de ese encargo fue escrito el cuento «Con Gringo», que relata en términos sacramentales la muerte del Che, aunque sin nombrarlo jamás.

¡Qué trayectorias tan distintas las de esos dos tipos que coincidieron en un proyecto literario, allá por 1968!»

Carlos Busqued

“No tengo nada para decir sobre la preparación o aptitud técnica de Alberto Manguel para dirigir la Biblioteca Nacional. Pero aceptó formar parte activa de esta enorme desgracia que se cierne sobre nuestro querido país desde diciembre de 2015. No creo que nadie que acepte entrar a la gestión pública en este marco venga con buenas intenciones. Todo lo que suceda durante este período será hambre peste muerte y guerra. Hago m{ias las palabras de un enorme argentino: ‘Puede haber caballo verde, más no uno de ellos honesto’. Ojalá puedan hacer mucho menos daño del que tienen planeado”.

https://www.notasperiodismopopular.com.ar/2016/05/03/diez-escritores-escritoras-manguel-biblioteca-nacional/

24 marzo 2016

Sobre la construcción de la noticia en dictadura

 

BATALLA DE IDEAS 

24 marzo, 2016

Sobre la construcción de la noticia en dictadura

Por Angela Urondo Raboy. Durante el pedido de condenas en el juicio de Lesa Humanidad que se lleva adelante en Mendoza, la querella solicitó como parte de las medidas reparatorias, la rectificación de la noticia falsa publicada en el Diario Los Andes en el caso Urondo-Raboy. Este documento de apoyo al pedido de la querella recibió decenas de adhesiones que incluyen a organismos de derechos humanos, artistas, sindicalistas y periodistas.

Por Ángela Urondo Raboy*. El 19 de Junio de 1976 los diarios reprodujeron un cable de la Agencia de Noticias Telam difundiendo un comunicado del jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. Algunos de los títulos fueron: “ABATIERON EN MENDOZA A UN DELINCUENTE SUBVERSIVO Usó como escudo a un niño. Planeaban atacar a una comisaría.” y “DELINCUENTE SUBVERSIVO FUE ABATIDO EN MENDOZA Con otros extremistas intentaba copar una comisaría. Abandonaron un bebé”.

Luciano Benjamín Menéndez, genocida multicondenado.

40 años más tarde, y con los hechos juzgados, sabemos que estos titulares hacían referencia al operativo en que resultaron asesinado Paco Urondo y secuestradas Alicia Raboy con su pequeña hija Ángela.

Esta práctica discursiva no fue una excepción, sino que formaba parte de la lógica de disciplinamiento social del estado terrorista. El comunicado difundido concluía diciendo:

“…en el vehículo fue dejado abandonado un niño de aproximadamente un año de edad. Este proceder de utilizar niños como escudo para llevar a cabo sus intentos asesinos, exponiéndolos a ser heridos o muertos durante la acción y abandonándolos a su suerte ante el menor fracaso, habla claramente de la poca moral y desviados sentimientos que animan a estos delincuentes subversivos.”

Cuando la libertad de expresión es cercenada la población queda inerme frente a las operaciones de control social. Frases como “Por algo será” o “Algo habrán hecho” fueron resultado de esta forma de operaciones psicológicas.

El objetivo de las mismas apuntaba a la criminalización y estigmatización de las víctimas, el blanqueo de los operativos y la naturalización del horror.

Este tipo de acción sobre la prensa comenzó el mismo día del golpe de Estado. El 24 de Marzo de 1976, la Junta militar dio a conocer una serie de comunicados dirigidos a la población. Comunicado número 19 de la junta militar:

“Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”.

A este modo de disciplinamiento se sumó la acción de una oficina en la Casa Rosada dedicada al control de las publicaciones, que se denominó “Servicio Gratuito de Lectura Previa”. Poco tiempo después dejó de funcionar, ya que la prensa incorporó rápidamente los criterios de lo decible.

En ese contexto, el mencionado cable de TELAM no puede ser leído como una nota periodística, sino como parte de la acción psicológica llevada adelante por el terrorismo de Estado.

A pesar del tiempo transcurrido y de contar con una condena ratificada en segunda instancia, el daño de esta publicación, sumado a otras acciones psicológicas complementarias, sigue teniendo una enorme incidencia social.

La información falsa o errónea, no ha sido rectificada ni corregida.

Alicia Raboy permanece desaparecida.

La única verdad es la realidad.

01 abril 2015

Hasta siempre Lilia

 

«Las voy a recordar siempre juntas en ese gesto»

Por Ángela Urondo Raboy

“Tu mamá movía los hombros así”, dijo y sacudió gracioso el esqueleto para mostrarme la dinámica.

Eme Eme había preparado un guefilte fish memorable y mi hermano cuidaba que el nivel de las copas nunca caiga. Habíamos hablado de un montón de cosas. Era el momento mágico en que brillan los ojos y las sonrisas quedan suspendidas en las bocas de todos.

Lilia con su sonrisa amplia, generosa, me regalaba ese movimiento de hombros, como un guiño, el gesto particular y claro de la personalidad de mi madre.

Pero el Perro no estuvo del todo de acuerdo. “Era así», dijo y describió un movimiento de hombros un poco más lento y sensual… con mirada de varón.

Se discutió un rato, con mucha risa, sobre cuál era la justa medida entre las dos versiones del movimiento exacto de los hombros de Alicia.

Lilia le dio cuerpo para que yo pueda verla.

Las voy a recordar siempre juntas en ese gesto.

Qué dolor
y qué amor.

Gracias Lilia.
Te quedas conmigo.

https://www.diariocontexto.com.ar/1514/

24 marzo 2015

Marzos, para Diario Contexto


 
16.7 C
 
La Plata, Argentina
 
miércoles, 22, noviembre
 
  

Marzos

Por Ángela Urondo

Era la marcha por los 20 años del golpe y yo empezaba recién a encontrarme con un principio de conciencia, respecto de las consecuencias del terrorismo de Estado sobre mi vida.

Se había develado la verdad sobre mi origen 22 meses antes y el impacto se traducía en un aturdimiento, en que costaba un poco encontrar la propia voz, mi camino. La tendencia a lo conocido me llevó a encerrarme, esta vez en mi propio dolor. Lo que a mí me había pasado. Todavía creía que se trataba de una tragedia personal, pero las mismas contradicciones me llevaban a buscar.

Estaba sola, o quizás para adentro, en medio de esta marcha que no había arrancado en Congreso a las 18, ni iba a terminar en ninguna Plaza de Mayo.

Anochecía y con la caída del sol, el brillo hipnótico del fuego de las antorchas me llevaba hacia los tribunales. Se trataba de una de las primeras acciones políticas de HIJOS, centrada en la presentación de un Hábeas Corpus colectivo, dijeron por ahí. Hábeas qué? Una expresión completamente desconocida, un lenguaje extraño. Todos compartían las tradiciones forjadas en aquellos primeros 20 años de lucha que yo me había perdido. Se coreaban consignas, sabidas por toda la gente. Al paso de las Madres con el símbolo irrefutable de los pañales sobre las cabezas, les cantaban algo como: ”Madres de la plaza, el pueblo sa-sarasa”, y yo no lograba decodificar lo que decían. Miraba a todos, tratando de leerles los labios para entender, sin conseguirlo, mientras las caras se desdibujaban a la luz del fuego de las antorchas, y a cambio de lo que buscaba, encontraba una emoción especial en la forma en que eran dedicadas aquellas palabras, que “el pueblo sa-sarasa”.
Finalmente decidí que el pueblo les decía “gracias, gracias” y algo así canté, tímidamente. Después supe que el pueblo las abraza y demás consignas.
“Aparición con vida” parecía tan ilusorio e imposible, como el “Castigo a los culpables”, pero esa lógica se disipaba y algo nuevo se despertaba, ante la promesa cantada, de que “a donde vayan los iremos a buscar, ole-oleé ole-olaá”… encarnado en una marea de voces que envolvían la masa humana, dialogando desde lejos con muchas otras voces, “oleé-olé, oleé-olá”, y ya no estábamos más solos, cargando nuestras tragedias individuales. Se empezaba a romper la burbuja. No solo la mía.

Pasaron muchos años desde aquella marcha y de aquella democracia agachada en los indultos, el punto final y la obediencia debida.
Pasó mucho desde aquel estado reconciliatorio, que proponía dejar el genocidio en el olvido, relativizando lo ocurrido en marco de una supuesta guerra entre dos demonios, y otras teorías impunistas.

Desde entonces, nos venimos descubriendo entre banderas y pancartas. Entre líneas. En la tarea de recolectar y cruzar los datos, uniendo cabos, que siguen sorprendiendo, por la forma en que se trenzan las historias, por la manera en que nos encontramos en el reflejo del otro, por la confluencia.

Sobrevivimos, arreando la desesperanza hasta convertirla en lucha, sin imaginar que la Justicia podía ser algo concreto, y no solamente un motor utópico. Se fue alzando lentamente, como una ola, empapando y sacudiendo todo en la rompiente. Fue imposible anticipar lo que removerían los juicios de Lesa. Cuanta verdad saldría a la luz, cobrando sentido. Cuanta tragedia individual encontraría su cauce colectivo. Tampoco pudimos prever el efecto reparador de esta Justicia de valor simbólico, tras décadas de impunidad sostenida. Es cierto que falta mucho y que no todo lo soñado será, pero en los fundamentos de los fallos se corrobora nuestra verdad, y esto, ha elevado el piso y el techo de lo discutible, respecto de la dictadura y la desaparición forzada de personas.
Hoy podemos decir con todas las de la ley, que hubo un genocidio en la Argentina. Tenemos 522 condenados por la justicia y la memoria histórica. Son apenas unos pocos integrantes del aparato represivo, los que están presos en cárceles. Otros condenados, siguen en sus casas, pudiendo abrir la puerta para ir a jugar. Hay una red de complicidad que sostiene a los fugados. La mayoría siguen libres. Invisibles, reciclados entre los vecinos de todas partes.

Por eso seguimos cada año, ofreciendo resistencia al golpe del 76 y a todos los golpes. Familiares. Sobrevivientes. Compañeros, y en el aire las ausencias, en el pecho las espinas, presentes. Los 30 mil.

El recorrido es ahora un poco más corto, pero de carácter masivo. Nos sabemos cada vez mejor. Los pañales en las cabezas, siguen marchando. El pueblo las abraza. Nuestros hijos aprenden a caminar, cantando juntos: “olé-olé, olé-olá”, y reconocen a sus abuelos, en las banderas recordatorias.

Marchar es nuestra forma de estar con nuestros desaparecidos, de celebrar sus vidas y abrazarlos entre todos. Es una forma de re confirmar sus existencias y las nuestras.

 https://www.diariocontexto.com.ar/marzos/


02 septiembre 2014

El libro de los Juicios, EDIUNC

 





"El libro de los Juicios", se presenta el próximo 9 de setiembre en la Universidad Nacional de Cuyo. A continuación, prólogo de Horacio Verbitsky, ilustraciones de Angela Urondo Raboy.

En abril de 2010 , Otilio Romano era amo y señor de la justicia
federal de Mendoza y su imperio basado en la defensa de la impunidad combinaba personal judicial con intereses políticos y económicos.
El diario Uno, de la sociedad que integran Francisco De Narváez, José
Luis Manzano y Daniel Vila, publicó una nota escandalizada con el título
«Magistrados en una conferencia. Omar Palermo, Héctor Cortés y Antonio
González Macías, integrantes de los Tribunales Federales, presenciaron una
charla de Horacio Verbitsky. Deben actuar en causas que se criticaron allí».
No es verdad que se hayan criticado las causas. Se denunció la complicidad
de Romano y de su colega Luis Miret con el terrorismo de Estado. El diario se preguntó si los jueces asistentes «están en condiciones de actuar de
manera imparcial cuando deberán dar a conocer sus sentencias en casos en que se investigan los hechos sucedidos durante la dictadura». Ese mismo
inaudito argumento emplearon los defensores de varios compañeros de
causa de Luciano Benjamín Menéndez para recusar a Cortés y sus dos
colegas del Tribunal Federal 2 por no declarar «la inconveniencia de haber
asistido a dicha conferencia». La conferencia la di yo, que no era parte en
esas causas, y ninguno de los jueces que me escucharon adelantó opinión
alguna sobre ningún hecho. Ni en ese ni en ningún otro expediente se discutía la legitimidad o la moralidad de los crímenes del Estado terrorista ni
la vigencia de las Leyes de Punto final y Obediencia debida, nulificadas por
la Corte Suprema y por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Lo único que se analizaba en cada juicio era la intervención que pudieron
haber tenido en los hechos las personas acusadas, determinar si cometieron o no los crímenes que se investigan. Cualquier otro enfoque encubría
una vergonzante convalidación del terrorismo de Estado.
Cuatro años después esto es evidente y tanto Romano como Miret y
los también ex jueces Rolando Evaristo Carrizo, Carlos Pereyra González,
Guillermo Max Petra Recabarren y Gabriel Guzzo, debieron sentarse entre
los acusados de la megacausa cuyana. Pero en aquel momento, denunciar
esa complicidad era visto como una osadía inviable. La suspensión de Miret
como profesor de la U N Cuyo, el juicio político a Romano y Miret en el
Consejo de la Magistratura, la fuga de Romano a Chile, su extradición concedida por la justicia y el gobierno de ese país, su alojamiento en una cárcel común y el juzgamiento de todos ellos en el mismo lote con el personal
militar, policial y penitenciario, de cuyos actos criminales fueron partícipes,
forman parte de un extraordinario proceso social y político que puso a la
sociedad mendocina a tono con lo que sucede en el resto del país. Sus distintos pasos y las dificultades que fue preciso superar son la materia de la
que está hecho este libro, con aportes de algunos de sus protagonistas fundamentales. Es un honor que me hayan invitado a presentar este trabajo,
que documenta el desmantelamiento del entramado de la complicidad civil
con el terrorismo de Estado.
Comienza con dos capítulos de orden histórico del fiscal Dante Vega y del
abogado Diego Lavado, que contextualizan y relatan los hechos, situándonos
en la época en que se produjeron las violaciones a los derechos humanos y
dando así un marco político a los demás capítulos.
Continúa con un análisis de lo que podríamos llamar el primer avance
producido en la provincia de Mendoza en el juzgamiento de estos crímenes,
demostrándose la necesidad que surgió durante el desarrollo de los juicios
de cambiar la calificación legal de los delitos atribuidos, para llegar a soluciones más justas en el castigo a los responsables de la desaparición forzada
de personas y los homicidios cometidos durante la dictadura.
La doctora Viviana Beigel, del Movimiento Ecuménico por los Derechos
Humanos, analiza la formulación realizada durante la investigación de las
causas, donde se acusaba por privación ilegítima de la libertad, lo que permitía a todos los imputados permanecer en libertad durante la tramitación
del proceso, demostrando el éxito de la ingeniería política del plan criminal para asegurar la impunidad de los represores. También analiza las sentencias del Tribunal Oral de San Rafael y Mendoza, que califican los hechos
como homicidio agravado.
Fernando Peñaloza describe el paso de la figura de homicidio agravado
a la de genocidio y analiza la dificultad para llegar a una condena por este
delito, para lo cual abrieron la puerta las sentencias de Mendoza.
El libro continúa con un análisis del caso de Paco Urondo, marcando un
avance en el descubrimiento de la verdad histórica para el crimen del escritor y periodista asesinado en Mendoza. Alfredo Guevara (h), cuyos padres
iniciaron la causa en cuanto fue posible, expone cómo se pudo descubrir
que la causa de su muerte fue un golpe en la cabeza propinado por uno de
los policías, que le destrozó la base del cráneo, y no la ingesta de una píldora
de cianuro, como se había creído hasta entonces.
Otro capítulo repasa la mencionada complicidad judicial, con un análisis comparativo de Nüremberg con Mendoza.
El proceso colectivo que se desarrolla en la causa 636F es analizado por el
abogado querellante Pablo Salinas, hijo de detenidos-desaparecidos y uno
de los principales impulsores del avance de las investigaciones, e incluye a
los ex jueces y ex fiscales de la dictadura, reconociendo como antecedente el
juicio a los jueces de Nüremberg. Queda claro que la resistencia que el aparato judicial oponía al avance de las causas por violaciones a los derechos
humanos era un acto en defensa propia por parte de los cómplices con la dictadura militar. Haber desbaratado esa obstrucción deliberada constituye un
hito en el juzgamiento de la responsabilidad civil en la República Argentina.
Otro avance importante que el libro recoge es el reconocimiento en la
jurisprudencia mendocina de los ataques sexuales cometidos contra las
víctimas del terrorismo de Estado.
Pablo Garciarena analiza cómo se logró hacer responsables a los autores
mediatos y jefes superiores por los delitos sexuales cometidos por los subalternos. Se deja de considerar el hecho como un delito de «mano propia», ya
que era imposible para las víctimas reconocer a los autores directos por la
situación de clandestinidad en que ocurrieron y las condiciones de la detención ilegal, con los ojos siempre vendados. Estos delitos formaron parte del
plan criminal y toda la cadena de mandos es responsable.
El último trabajo, de Romina Ronda, analiza los efectos de la tortura y de
la impunidad, rescata la recuperación de la memoria en la reapertura de los
juicios y la importancia de la sentencia como productora de la verdad jurídica.
La obra aporta experiencias de los actores directos, que podrá ser replicada en futuros juicios por delitos de lesa humanidad en el país y el mundo