Jorge Julio López es mucho más que su ausencia concreta. Es una incógnita. No está ni vivo ni muerto. No tiene entidad. Es un desaparecido. Esa figura ambigua y perversa que inventaron los genocidas para intentar esconder la mancha indeleble de su acción criminal de exterminio.
Desaparecido , sí. Pero López fue un sobreviviente. Un aparecido que vivió para contar lo ocurrido entre octubre del '76 y junio del '79 durante su secuestro.
La experiencia de la violencia represiva vivida en aquellos años fue volcada en el primero de los juicios de Lesa Humanidad, reabiertos tras la derogación de las leyes de impunidad. Su testimonio fue revelador y clave.
El golpe de su ausencia el 18 de septiembre de 2006 fue un mensaje claro, ineludible. López se convirtió de inmediato en un símbolo. En un recordatorio. El paradigma López: desaparecido en democracia.
Quedó su nombre escrito en un papel, en manos del verdugo Etchecolatz. Una imagen que evoca al fantasma de aquel viejo aparato represivo capaz de rearticular alguno de sus brazos, para ejecutar otra vez el mismo plan. Una herramienta más del miedo, la evidencia de los resabios del terrorismo de Estado infiltrado en la actualidad.
Y luego, el silencio oficial sobre la desaparición de López. La falta de respuestas sobre su destino final. En la Argentina de hoy, en plena avanzada reaccionaria, mientras se debate la prisión domiciliaria para los genocidas condenados, hace diez años que Julio López no vuelve a su hogar.
En estos diez años 729 genocidas fueron condenados por crímenes de Lesa Humanidad. Esto hubiera sido imposible sin el testimonio de millas de testigos en todo el país. Cada uno ha tenido que sobreponerse al miedo ya la amenaza latente que significa tener a López desaparecido y redesaparecido .
Hay quienes no han podido con ese miedo. Con la reiteración del terror… y hay quienes de ese miedo, han hecho su mayor coraje. Cada sobreviviente guarda la memoria del espanto y todos sus ecos. Esa lógica absurda del horror sistemático. De algún modo, un testigo, un testimoniante, es mucho más que el dolor que le tocó atravesar. Es todo lo que hizo con eso. A pesar del terror. Porque poder ver directo esos ojos infinitamente perversos, conociendo de lo que son capaces, exige un enorme valor.
La segunda ausencia por desaparición forzada de López, nos lleva más que nunca, a tenerlo presente en su lucha, a exigir Verdad, Justicia ya no olvidar jamás.
Estuve secuestrada al cumplir un año.
Veinte días es un montón de tiempo.
Estaba adoptada al cumplir dos.
No supe mi historia hasta los veinte.
Ya pasaron más de veinte desde entonces.
Cuarenta y un años de vida.
Cuarenta de sobre vida.
Y todavía no sé que hacer. Qué hacer con las instituciones, los uniformes y los recursos reciclados del terrorismo de Estado. Qué hacer con la derrota. Con los trofeos. Con las revoluciones. Con la solemnidad. Qué hacer con los datos sueltos. Qué hacer con el dolor que se cuela en cada fibra para anidar. Qué hacer con el futuro. Con los recuerdos. Con las decisiones fundamentales. Con el tiempo que pasa y se va. Qué hacer con los fantasmas. Con las obsesiones, las fobias. Con el sueño interrumpido. Con el barrote mental. Qué hacer con todo lo que no se puede hacer. Con el impulso paralizado. Con el hambre vital. Con la ilusión. Qué hacer con todas las letras, las palabras, los libros. Con el peso de la historia. Con los cofres que atesoran la desgracia. Qué hacer con las cenizas de las flores. Con las revelaciones. Con el olor adhesivo. Con la diversión. Con esos pasillos. Qué hacer conmigo ahí. Con nosotros ahí. Qué hacer con ellos. Con ese lugar. Con las tensiones. Con la herida abierta. Con la mente en fuga. Con la lesa humanidad. Qué hacer con los ojos del pasado. Con las puertas cerradas. Con los candados. Qué hacer con el destierro. Con el desarraigo. Con el alma en pena. Con el orden que no quiero alcanzar. Qué hacer con lo que acumulo. Con lo que siento. Con lo que vengo haciendo mal. Qué hacer con esto que resbala y se vuelve a escapar.
Diez escritores y escritoras sobre la designación de Manguel en la Biblioteca Nacional
Desde Notas les pedimos a diez autores y autoras una breve opinión sobre la designación del escritor Alberto Manguel al frente de la Biblioteca Nacional, en reemplazo de Horacio González. La decisión de asumir recién en julio, los 250 despidos y el escrache en la apertura de la Feria del Libro.
Alberto Manguel fue designado como director de la Biblioteca Nacional en diciembre de 2015 por el nuevo ministro de Cultura Pablo Avelluto. Además de escritor, ha sido periodista, docente universitario y conferencista en diversas universidades del mundo. Buena parte de su obra fue escrita en inglés.
Manguel, ausente de la Argentina desde hace más de cuatro décadas, puso como condición asumir su cargo recién en julio de 2016. En febrero realizó una breve visita al país y pasó por la Biblioteca Nacional. Hace algunos días tuvo a su cargo la apertura de la Feria del Libro en Buenos Aires, donde decenas de despedidos de la institución le realizaron un escrache.
Desde Notas, les pedimos a diez escritores y escritoras una opinión sobre la designación de Manguel, su posible gestión en la Biblioteca y su responsabilidad frente a los recientes recortes de personal.
Selva Almada
“Cuando designaron a Alberto Manguel como director de la Biblioteca Nacional (BN) sólo lo conocía de nombre, ignoraba su trayectoria y no podía mencionar un solo libro suyo. Ni siquiera estaba segura de si era escritor o académico o las dos cosas. Entonces empecé a leer los posteos emocionados de mis contactos de Facebook, la mayoría abiertamente contrarios al gobierno de Macri, que se alegraban y lo veían como la única buena medida tomada entre los desastrosos DNU. Así que pensé que entonces no estaría mal.
Pero alguien que decide no asumir su cargo hasta varios meses después, que no se pronuncia mientras despiden a doscientos y pico de trabajadores de la institución que dirige, que no propone alternativas, que se hace el desentendido antes las cartas firmadas no sólo por personalidades de la cultura argentina sino también internacional, que mira para otro lado cuando grupos de personas van y reclaman en su cara en la Feria del libro… Alguien que se mueve con tanta indiferencia y falta de respeto no tendrá nunca mi apoyo”.
Martín Kohan
“He leído una entrevista en la que Alberto Manguel aseguró que no iba a haber despidos en la BN bajo su responsabilidad, y que al convocarlo para tan importante cargo, nadie le había exigido semejante cosa. ¿Hay que creerle? Por supuesto, es lo que corresponde. ¿Qué pensar, entonces, de los numerosos despidos que se produjeron en la Biblioteca? Alegar que Manguel no asumió todavía es pueril, casi provocativo: o Manguel es el responsable o la Biblioteca Nacional está acéfala. Es preferible pensar lo primero.
Por ende, lo que debemos suponer es que, a la distancia y muy ocupado, Manguel no está enterado todavía de las decenas de despidos que se produjeron y que lo estarían haciendo quedar como un cínico. Los carteles que se alzaron la otra noche ante su discurso de inauguración de la Feria del Libro seguramente no alcanzó a verlos. Los muy lectores somos a menudo también miopes, de lejos no vemos bien. Pero apenas Manguel tome nota de lo que ha estado pasando, cumplirá con su palabra y los puestos de trabajo en la Biblioteca Nacional se preservarán. ¿Hay que creerlo? Es lo que corresponde”.
Marta Dillon
“No leí a Alberto Manguel. No conozco a nadie que lo haya leído. Lo que sé de él es que fue lector de Borges cuando era joven y que hizo su carrera en el exterior y que vivió en un castillo. Y que es el director de la Biblioteca Nacional que empezó su gestión (¿empezó su gestión?) despidiendo a más de 200 trabajadores y trabajadoras. Cuando el conjunto sea reincorporado, sabremos algo más de él.
Por ahora es un señor que tiene una biblioteca muy grande y que desconociendo el trabajo de cientos de personas y prácticamente todo de nuestro país, se dio el lujo de despedir, reincorporar, generar terror, ocasionar la muerte de un trabajador y apenas inmutarse frente a ese panorama”.
Kike Ferrari
“Alberto Manguel, a quién conocemos sobre todo porque de adolescente le leía en voz alta a Borges y a veces comía con él y con Bioy, dice que la BN debe cumplir el rol de una biblioteca. Uno puede preguntarse cuál es el rol de una biblioteca para Manguel. Puede preguntarse si participar en la vida cultural del país, de los debates culturales del país no es tarea de la BN. ¿O cree, Manguel, que la razón de ser de la BN es prestar libros?
Sabemos que en el 2000 Manguel se mudó a Poitou-Charentes, en Francia, donde compró y recicló un antiguo castillo medieval para poner ahí su biblioteca personal de más de 40 mil ejemplares. ¿Quién visita la biblioteca de Poitou-Charentes? ¿Qué le hace pensar a Manguel que podrá manejar la BN como su castillo francés?”
Raquel Robles
“Tal vez en el ámbito de la cultura se sienta con mayor fuerza la falacia del ‘técnico independiente’. Pareciera que se puede hacer música, literatura, pintura, sin que esos actos incidan políticamente en la trama social en la que se insertan. Horacio González hizo un intenso trabajo político en su gestión y Manguel, con su mando a distancia y su gestión virtual, también. Más allá de las opiniones que cada uno tuviera sobre el kirchnerismo, lo que para todos era claro es que había múltiples y diversas grietas por donde trabajar, producir y hasta tener la ilusión de hacer el bien.
Esta nueva etapa parece no tener grietas de ningún tipo. El mal se multiplica y se diversifica en todas sus expresiones. Nunca hubo ninguna posibilidad de ser funcionario público ‘técnico’ o ‘apolítico’. Ahora no hay modo de ser funcionario sin ser o convertirse en un funcionario del mal. De todas maneras no nos preocupemos. Manguel, en su discurso de apertura de la Feria del Libro y sus extorsiones revanchistas en la mesa de negociaciones por los despedidos a raíz del escrache, nos dejó en claro que ya no le importa ser recordado como el hijo putativo de Borges y que sólo le interesa hacer la experiencia de trabajar entre muchos libros”.
Gustavo Pecoraro
“En un gobierno que parece ir tan a los ponchazos que hasta opaca las Testarossa de Menem, la parábola del despropósito se ubica en el nombramiento de Alberto Manguel cuyas funciones monitorea desde New York pero que no acreditará hasta julio. En ese no asumir de Manguel (que no le impide abrir «oficialmente» la Feria del Libro) reside una manera de enclosetar su designación en la que de todos modos suele regodearse. ‘Sería ingrato no aceptar un puesto que ocupó Borges’, repitió más de una vez.
Compararse con Borges tiene su osadía. Tanta como no hacerse cargo del puesto para el que fue elegido por el Ministro de Cultura. ‘No hay ninguna persona, ningún argentino con más condiciones que usted’, le dijo en su oportunidad Pablo Avelluto. Hay una canción que dice que New York en esta época es maravillosa. A ver si alguien se lo pregunta a Manguel cuando se lo cruce por estas tierras”.
Ángela Urondo Raboy
«No ubico a Manguel. No lo leí, no sé bien quién es. Lo guglié para ver a quién habían puesto en reemplazo de Horacio González, a quien fácilmente ubico, como escritor, funcionario público y como persona, de haberlo visto en la Biblioteca o en la calle, con el gusto de leerlo y con esfuerzo, a veces, de entender algo. Quien fuera el cambio propuesto por este gobierno al que tanto le costó llegar al poder, y especialmente en el debut de la derecha a través de las urnas, debía ser una opción superadora. Sin embargo, la primera acción de este Manguel fue romper 250 veces su promesa de no despidos.
Manguel rompe su palabra en la casa de las palabras. Un gesto, concreto y simbólico, que es un retrato palmario de la gestión que representa. Este gobierno viene a querer romper el sentido de todas las palabras. Cambiando pasado por futuro, llamando ñoquis a los trabajadores, grasa militante a los nuevos perseguidos políticos o curro a los derechos humanos. Por último, cabe destacar que Manguel no habita en el país que administra. Deshecha, deshace a distancia, pero no viene a trabajar. El nuevo director es el principal mega ñoqui en la Biblioteca Nacional».
Ignacio Molina
«De la figura de Alberto Manguel no puedo decir demasiado: sólo sé que, por haberle leído algunos libros a Borges en voz alta en los sesenta, viene robando desde entonces, y que cuando hace unos meses le preguntaron por qué aceptaba el cargo ofrecido por el gobierno de ultraderecha dijo la siguiente banalidad: “Sería ingrato no aceptar un puesto que ocupó Borges”.
De lo que sí estoy más al tanto es de su gestión en la Biblioteca Nacional, aunque aún no haya asumido oficialmente: del despido injustificado de cientos de profesionales que vienen trabajando desde hace años, del cierre arbitrario de programas, de la brutal persecución ideológica y de los carros de la Policía Federal rodeando la manzana de la Biblioteca. Una gestión a la distancia que va en sintonía con las políticas de desguace y destrucción que se están llevando a cabo en todas las áreas del gobierno macrista, acaso el más dañino, después de las dictaduras militares, que hayamos vivido en la Argentina».
Juan Bautista Duizeide
“No tengo demasiado para decir de Manguel aparte de lo que sabemos por los medios: que al parecer se quintuplicó el sueldo respecto del que cobraba Horacio González, que se hizo el tremendo pelotudo ante el escrache en la Feria del Libro, que dejó que le hicieran el trabajo sucio mientras él seguía en New York City, que ya no es sólo un cómplice sino un partícipe necesario.
No tengo, además, ni uno solo de sus libros. Apenas una antología de relatos que coordinó a fines de los años sesenta para Galerna, basada en el grabado de Durero: El caballero, el diablo y la muerte. Siempre uso esa antología, titulada Variaciones sobre un tema de Durero, en los talleres que doy sobre Haroldo Conti ya que a partir de ese encargo fue escrito el cuento «Con Gringo», que relata en términos sacramentales la muerte del Che, aunque sin nombrarlo jamás.
¡Qué trayectorias tan distintas las de esos dos tipos que coincidieron en un proyecto literario, allá por 1968!»
Carlos Busqued
“No tengo nada para decir sobre la preparación o aptitud técnica de Alberto Manguel para dirigir la Biblioteca Nacional. Pero aceptó formar parte activa de esta enorme desgracia que se cierne sobre nuestro querido país desde diciembre de 2015. No creo que nadie que acepte entrar a la gestión pública en este marco venga con buenas intenciones. Todo lo que suceda durante este período será hambre peste muerte y guerra. Hago m{ias las palabras de un enorme argentino: ‘Puede haber caballo verde, más no uno de ellos honesto’. Ojalá puedan hacer mucho menos daño del que tienen planeado”.
Por Angela Urondo Raboy. Durante el pedido de condenas en el juicio de Lesa Humanidad que se lleva adelante en Mendoza, la querella solicitó como parte de las medidas reparatorias, la rectificación de la noticia falsa publicada en el Diario Los Andes en el caso Urondo-Raboy. Este documento de apoyo al pedido de la querella recibió decenas de adhesiones que incluyen a organismos de derechos humanos, artistas, sindicalistas y periodistas.
Por Ángela Urondo Raboy*. El 19 de Junio de 1976 los diarios reprodujeron un cable de la Agencia de Noticias Telam difundiendo un comunicado del jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. Algunos de los títulos fueron: “ABATIERON EN MENDOZA A UN DELINCUENTE SUBVERSIVO Usó como escudo a un niño. Planeaban atacar a una comisaría.” y “DELINCUENTE SUBVERSIVO FUE ABATIDO EN MENDOZA Con otros extremistas intentaba copar una comisaría. Abandonaron un bebé”.
40 años más tarde, y con los hechos juzgados, sabemos que estos titulares hacían referencia al operativo en que resultaron asesinado Paco Urondo y secuestradas Alicia Raboy con su pequeña hija Ángela.
Esta práctica discursiva no fue una excepción, sino que formaba parte de la lógica de disciplinamiento social del estado terrorista. El comunicado difundido concluía diciendo:
“…en el vehículo fue dejado abandonado un niño de aproximadamente un año de edad. Este proceder de utilizar niños como escudo para llevar a cabo sus intentos asesinos, exponiéndolos a ser heridos o muertos durante la acción y abandonándolos a su suerte ante el menor fracaso, habla claramente de la poca moral y desviados sentimientos que animan a estos delincuentes subversivos.”
Cuando la libertad de expresión es cercenada la población queda inerme frente a las operaciones de control social. Frases como “Por algo será” o “Algo habrán hecho” fueron resultado de esta forma de operaciones psicológicas.
El objetivo de las mismas apuntaba a la criminalización y estigmatización de las víctimas, el blanqueo de los operativos y la naturalización del horror.
Este tipo de acción sobre la prensa comenzó el mismo día del golpe de Estado. El 24 de Marzo de 1976, la Junta militar dio a conocer una serie de comunicados dirigidos a la población. Comunicado número 19 de la junta militar:
“Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”.
A este modo de disciplinamiento se sumó la acción de una oficina en la Casa Rosada dedicada al control de las publicaciones, que se denominó “Servicio Gratuito de Lectura Previa”. Poco tiempo después dejó de funcionar, ya que la prensa incorporó rápidamente los criterios de lo decible.
En ese contexto, el mencionado cable de TELAM no puede ser leído como una nota periodística, sino como parte de la acción psicológica llevada adelante por el terrorismo de Estado.
A pesar del tiempo transcurrido y de contar con una condena ratificada en segunda instancia, el daño de esta publicación, sumado a otras acciones psicológicas complementarias, sigue teniendo una enorme incidencia social.
La información falsa o errónea, no ha sido rectificada ni corregida.