02 noviembre 2023

Sin bozal

 Télam - Agencia Nacional de Noticias

OPINIÓN

02-11-2023 16:46 - ¿PERRO QUE LADRA, MUERDE?

Sin bozal

La relación de Javier Milei con su "perro hijo" Conan, y sus posteriores versiones clonadas, quizás sirva para revisitar algunas fascetas ya conocidas pero olvidadas del candidato libertario. 

Por ngela Urondo Raboy
POR ÁNGELA URONDO RABOY
02-11-2023 | 16:46
Telam SE

Como es sabido, el anti candidato tiene cuatro hijos de cuatro patas, son perros mastines ingleses gigantes, de dos metros cada uno. Dieciséis patas, más las suyas, son dieciocho, quizás demasiadas patas para un departamento en una torre.

Lo perros son idénticos, se ven preciosos posando sobre un sillón blanco y aunque nacieron en una misma camada, no se trata de hermanos mellizos, ni gemelos, ellos son exactos de iguales, son el mismo perro multiplicado en clones.

Conan fue el primero, el original, el gran amor. Ese animal superior, esplendoroso y excepcional, querido como a un hijo, porque gracias a él, el anti candidato ha podido sobrellevar malos tiempos. Su perro y su hermana, fueron entonces la única compañía fiel, la única lealtad, la única contención. No sabemos bien a qué se refiere, cuál era la crisis, pero en ese momento, decepcionado de la humanidad, todo el resto del mundo le resultó traidor. Como él mismo explica, no le alcanzaba el dinero para mantener a ambos, por lo tanto decidió que se sub-alimentaría para priorizar la calidad de vida del perro hijo, y se sacrificó por él. Durante esos años difíciles, el anti candidato sólo comió pizzas económicas, para poder alimentar al animal. Subió mucho de peso, privó a su organismo de nutrientes básicos y de ningún modo logró mejorar su economía.

En 2017 Conan murió, quizás de viejo, pero de esa muerte no se habla, no se sabe casi nada, excepto que debió ser insoportable para él, al punto de lo inaceptable, ya que por diferentes vías ha intentado superarla, negándola.

Contrata a una médium que lo comunica con su adorado perro hijo muerto (o bien le comunica a través de esa figura), quien además le baja ciertas líneas de acción política a seguir.

Conan conducción. Total normalidad.

Por otra parte, el anti candidato, recurre a la clonación de su perro hijo muerto Conan (Clonan). No sé cuantos de ustedes han hecho algo así, si bien la selección genética y la clonación de ganado parecen ser algo normalizado, yo no conozco a nadie que haya clonado al perro… y mucho menos a un hijo.

Averiguo y en seguida encuentro, que el servicio de clonación de perros existe hace unos cinco años y que se ofrece entre 50 y 100 mil dólares en internet. Conan debe haber sido de los primeros. Ahora hay un montón de casos, todas las fotos con las mascotas igualitas como de adorno, con la misma mirada perdida de quien no tiene entidad propia. Producidos en serie.

Desalmadero. Morbo extremo. Pasado varias estaciones de los gatos embalsamados por aquella súper modelo. Supongo que hay clientes, dolientes, consumidores dispuestos a todo. No dejo de sorprenderme con estas cosas. Enseguida el buscador me lleva al caso de una mujer en España, que por medio de la subrogación de vientre logró engendrar una nieta de su hijo muerto, que es otro asunto, pero parece abarcar en parte la misma polémica. Bueno, parece que el futuro llegó hace rato y mucho no lo entiendo. ¿No era mejor la aceptación? ¿Honrar lo que fue único? ¿Dar lugar a lo nuevo?

Entonces pienso en el experimento, en los tormentos, en el dolor incontenible del hombre frente a su perro hijo muerto y en contraste su desprecio por los míos, los nuestros, que son 30 mil, con la imposibilidad de afrontarlos. !Ay! de sus cuerpos desaparecidos y de sus almas que no se van.

El laboratorio de Frankenstein se representa iluminado por el resplandor de la tormenta y las viejas ideas supremacistas se cumplen, sin implicancias éticas.

Me pregunto por la práctica concreta del procedimiento para la clonación:

¿Cómo se preserva el cuerpo? y luego ¿cómo se realiza la extracción del material genético? ¿Cómo se obtienen los permisos y tramitaciones para hacer llegar estas muestras al laboratorio en los Estados Unidos? ¿Cómo se conserva, se friza, se congela, se refrigera? ¿Cómo se traslada? ¿Cómo se reproduce, se fecunda, se hace un cultivo, se multiplican las células? ¿Cómo se crean estos clones? ¿Cual es la técnica? ¿Cómo se piensa algo así? ¿Cómo se encara? ¿Cómo se interpreta? ¿Qué significa? ¿Cómo se embarca alguien en una aventura como esta? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cual es el objetivo? ¿Cual es la ambición? Y por otra parte ¿este experimento cómo se financia? ¿Quién lo paga? ¿Cómo ha conseguido este hombre, dueño, amo, padre bípedo, ahora anti candidato a presidente, para pasar de la insolvencia y la dieta de las pizzas, a contar con los fondos necesarios para hacer cuatro clones de su perro hijo muerto?

Parece un acto de dolor y furia, de angustia desesperada, rayana a la locura.

Me recuerda al padre del niño arrollado por el camión, en el Cementerio de Animales, de Stephen King. La muerte, como hecho terrible e inaceptable, abre paso a lo monstruoso. Lo que ocurre es algo contrario a la naturaleza y es casi una provocación, una invocación al mal. Un engendro macabro, cuya muerte final será el único alivio. Claro que la obra fue escrita en el año 1983, mucho antes de la presentación pública en 1996 de la primera oveja clonada, Dolly.

La realidad nutre a la ficción y la pone a prueba.

Ahora, el mejor perro del mundo, el mejor amigo del hombre, su único y especial amigo, su amado hijo de cuatro patas, ese ser superior, iluminado y perfecto, ha vuelto a la vida y ahora, es otros cuatro perros: Murray, Milton, Robert y Lucas, son Conan. La muerte no existe. Conan está otra vez presente, ha vuelto a nacer, multiplicado y diferido en el tiempo.  

El anti candidato cree que ha vencido. Parece haber superado todas sus dificultades sociales y financieras del pasado. Ahora es un hombre bastante popular y solvente, capaz de alimentar a sus nuevas, réplicas mascotas, sin tener que someterse a la dieta exclusiva de la pizza. Parece un lujo. Sin embargo el desastre que se avecina es otro. Los cachorros llegan al mundo en un laboratorio de New York y de ahí van a parar al departamento del anti candidato en el edificio torre. Es mucho trabajo. Es muy poco espacio. Viven estresados.

Los cuatro perros hijos clones de Conan, tienen dos años cuando se desata la gran pandemia, con la larga cuarentena, el encierro y las medidas de aislamiento, los perros hijos del anti candidato no salen más a la calle, no mueven las dieciséis gigantes patas, no se desarrollan bien, no corren, no juegan, no descargan energía, no conocen a otra gente, pierden toda sociabilidad, quedan alienados y adoptan el mismo carácter irascible con que son tratados. No llegan a domesticarse, quedan inadaptados, actúan con violencia, adquieren una conducta instintiva de manada salvaje. El hombre no logra contenerlos, ni educarlos y también ladra. Todos sus perros son Conan, pero ninguno lo reconoce. Todos son iguales, pero no responden. Todos son Alfa.

Pelean de manera constante por el poder, se atacan entre ellos, se lastiman, llegando a morder incluso al amo, a su dueño abnegado, el padre bípedo, el responsable inscripto, tutor o encargado, al anti candidato, anti todo, que una vez herido, decide separarlos. ¿Cómo? Pone a cada animal en una punta del departamento, los ata con una soga estacada al suelo. los tiene amarrados todo el tiempo. No puede dominarlos, ni salir con ellos. Lo sobrepasan. Son demasiado. Todo el tiempo ensucian y viven sobre sus propias mugres, rompen todos los muebles, destrozan lo que se encuentre a su alcance. Ladran ansiosos, sin pausa y sin descanso, piden que les corten la soga que les oprime el cuello, claman por la libertad que les niegan. La libertad de correr sueltos, sin límites, sin correa de ahorque y sin bozal, sin control alguno, como locos desaforados, para poder desahogar tanta ira contenida, tanta mierda, toda la furia, las ganas de atacar por deporte, morder por venganza, contagiar ese sentimiento de rabia que los atora y comerse crudo a quien les plazca.

El libertinaje avanza.

Los perros son como sus dueños.

Cualquier parecido con Joseph Ménguele, es pura coincidencia.

  • Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/autora y no representan necesariamente la posición de la agencia.

  • https://www.telam.com.ar/notas/202311/645257-milei-perros-conan-bozal-urondo.html

    23 octubre 2023

    Ni errores, ni excesos: métodos.

     Télam - Agencia Nacional de Noticias

    OPINIÓN

    23-10-2023 16:29 - VIOLENCIA INSTITUCIONAL

    Ni errores, ni excesos

    La historia de Sebastián Bordón, una víctima de practicas aberrantes que aún nos interpela sobre formas de violencia e impunidad que trascendieron la dictadura. La necesidad de democratizar la justicia. Nunca más acá también.  

    Por ngela Urondo Raboy
    POR ÁNGELA URONDO RABOY
    23-10-2023 | 16:29
    Foto Archivo
    Foto: Archivo

    El micro se abre paso entre el paisaje san rafaelino de la provincia de Mendoza. El contingente de estudiantes celebra su viaje de egresados, vienen desde Moreno, en la provincia de Buenos Aires, acompañados de sus tres profesores de la Escuela de Enseñanza Media Nº13, Ana María Bava, Patricia Landalde y Jacinto Araujo.

    Los chicos, que en estos casos normalmente cantan, bromean, la pasan bien, esta vez no cantan, ni bromean, no están de joda, se encuentran serios, bastante tensos y preocupados porque uno de ellos no se siente bien.

    Sebastián sufre una crisis emocional, está alterado y susceptible. Tiene palpitaciones. Siente algo horrible, algo que no sintió nunca, no lo puede controlar. Tiene miedo, mucho miedo. Siente que lo van a matar.

    Pide ayuda. Quienes están a cargo de la excursión no toman la situación seriamente. A Sebastián lo contienen sus compañeras y compañeros, que lo ayudan para alimentarse, vestirse y andar. Las profesoras pretenden que no pasa nada, minimizan todo.

    Sebas se pone cada vez peor. Las profesoras no hacen nada, no quieren suspender el viaje.
    Los amigos consiguen que Sebastián sea visto por un médico, quien le inyecta un calmante, e indica a los docentes a cargo, que se dé aviso a la familia, cosa que los profesores deciden no hacer.

    Prosigue el viaje. El calmante no calma, la angustia lo desborda. Sebastián se siente desamparado y en riesgo, aunque no pueda precisar de qué. Todo se vuelve una amenaza, todo parece querer atacarlo, se tiene que defender.

    En una estación de servicio de Malargüe, pide socorro a una mujer, le dice que lo quieren drogar para matarlo, pero los docentes logran controlarlo, meterlo de nuevo en el micro y sigue el viaje.

    Sufre otra crisis camino a Las Leñas. Los adultos demuestran una negligencia absoluta ante la situación que se presenta, como si no entendieran la gravedad del caso, mientras Sebastián pide socorro, intentando que su revelación, paranoica o premonitoria, no se cumpla.

    Foto Archivo
    Foto: Archivo

    Aunque nadie pueda percibir peligro alguno, él sabe que lo van a matar, aunque no haya motivos para anticiparlo y no se pueda explicar. Se desespera, entra en pánico. Ha visto la muerte como una sombra al acecho, sabe que lo va a encontrar.

    Cerca de El Sosneado, el miedo se convierte en una furia desesperada, que le hace romper los asientos del micro, e intentar escapar por la ventanilla y con la cabeza afuera, gritar una vez más, socorro, porque lo van a matar.

    Es entonces que la policía se cruza en el camino, toma intervención y cuando eso pasa, empieza lo peor.

    Sebastián es bajado del micro y abandonado por sus docentes, que lo dejan ahí en manos del policía Carlos Escobar del destacamento El Nihuil, lugar a donde Sebastián es trasladado.

    Todo es muy confuso, el micro se ha convertido en patrullero. Los amigos no están. Ahora sabe que está sólo, ya no hay nadie que lo acompañe, nadie que lo vea, nadie que pueda frenar el verdugueo policial. Siente más miedo que nunca, es mucho más que un delirio o un pálpito, es una confirmación, casi una certeza; él no sabe cómo, pero sabe lo que va a pasar.

    No lo tienen preso, pero en la comisaría número 8 es tratado como un delincuente, que parece ser del único modo que la policía sabe tratar. Lo tienen retenido y se le da aviso a su familia para que lo venga a buscar. Sebastián pasa la noche en el destacamento. Le permiten hablar con su madre, que le dice que su padre va en camino.

    El padre toma un vuelo directo a San Rafael, pero algo ocurre antes de que pueda llegar a encontrar a su hijo. Sebastián aparentemente elude la custodia policial e intenta escapar, o acaso, como suele ocurrir en estos casos, se trata de simular una fuga para encubrir huellas de muy posibles maltratos. La cuestión, es que el dos de octubre de 1997, cuando el padre llega, Sebastián se encuentra desaparecido, no se sabe adonde está.

    Los efectivos policiales Daniel Gómez, Abelardo Cubillos, Roberto Gualpa y el cabo Esteban Mérelo, quien estaba a cargo del destacamento, salen en el móvil 739 a dar captura a Sebastián, que no pudo ir demasiado lejos. Lo atrapan y nuevamente lo golpean, ahora sí, brutalmente, como sabe hacer la policía, lo lastiman mucho, se les va la mano de oficio, para eso se entrenan. Cachiporra, puños, patadas, le dan al pibe hasta que lo desmayan, lo dejan en coma y en ese estado que parece muerto, lo esconden para deshacerse de él. Igual que otras veces, Igual que siempre.

    Foto Archivo
    Foto: Archivo

    Al padre le dan vueltas, lo pasean con pistas falsas, le dicen que se escapó, que estaba drogado, que lo están buscando, que ya va a aparecer, que pronto su hijo va a volver a la casa a comer fideos como siempre…

    Cuando la mamá se entera de que su hijo ha desaparecido de la comisaría donde fue abandonado por los maestros, produce un bramido que hace temblar la tierra y conmociona todo, desde Moreno a San Rafael, en una onda expansiva.

    Pero Sebastián no aparece. Lo tienen escondido en una antigua heladera de madera, en una casa vacía cercana al lugar. Está malherido, pero vivo

    Mientras tanto, el comisario Hugo Trentini articula el operativo de encubrimiento para sus muchachos y embarra toda la cancha. Se abren todo tipo de pistas falsas, aparecen testigos inventados, camioneros que lo vieron lejos, se da intervención a una parapsicóloga que desvía la atención a cualquier parte, se implantan teorías de posibles auto lesiones y suicidios, se acusa a Sebastián de estar drogado, se hacen puebladas multitudinarias en defensa de la policía, mientras los familiares reciben llamados amenazantes y pronto pasan a ser los principales investigados.

    Se ponen a disposición de la búsqueda dos helicópteros, que no van a servir para nada, como parte de una misma fuerza corporativa y encubridora.

    Miriam sabe lo grave que es la situación con la policía implicada.

    Recibe el consejo y acompañamiento de Organismos de Derechos Humanos, las Madres de Plaza de Mayo se hacen presentes, Familiares e HIJOS la abrazan. Hebe se pone a disposición de la familia. También Norita acompaña con su presencia sostenedora.

    Los vecinos de Moreno se organizan, viajan en micros a acompañar a la familia, para juntos remover cielo y tierra, hasta encontrarlo a Sebastián y descubrir lo ocurrido. El pueblo se moviliza a San Rafael en busca del muchacho y rastrillan el lugar, metro a metro, exigiendo su aparición.
    Las Madres de Mendoza, la Agustina y la María, ponen el cuerpo y todos los recursos aprendidos en su experiencia. La Pepa Noia se planta y corta la ruta junto con los vecinos, cuando viene lo peor de lo peor.

    El día doce de octubre, tras diez días desaparecido, Sebastián aparece muerto en un lugar que se acababa de rastrillar el día anterior, donde no estaba. Su cuerpo fue plantado por la noche, al fondo de un barranco en el Cañón del Atuel, el mismo día que hubiese cumplido los 19 años

    La Gendarmería realizó la autopsia al cadáver y pudo comprobarse que no hubo drogas, que la muerte no fue accidental, ni se debió a un suicidio. Le habían reventado un riñón, le fracturaron la clavícula y le rompieron el cráneo, pero sin embargo, ninguna de estas heridas fueron causales directas de su muerte. Sebastián se mantuvo vivo bastante tiempo, para morir deshidratado, de hambre y de sed, en el lugar donde lo tenían guardado.

    Se hubiese salvado, si no lo hubieran escondido, si no lo hubiesen golpeado, si lo hubieran asistido, si no lo hubiesen abandonado ahí, si no lo hubiesen dejado solo, si algún docente se hubiese quedado con él, si no hubiese terminado en manos de la policía, si la policía no fuera asesina.

    ***

    En año 2000 se llevó a cabo el juicio por el homicidio de Sebastián. Por su asesinato fueron sentenciados: el cabo Esteban Merelo, condenado a dos años y seis meses de prisión, por encubrimiento. Los policías Roberto Gualpa y Abelardo Cubillos, a diez años de prisión y el oficial Daniel Gómez, quien por su mayor jerarquía se le imputaron cargos de abandono de persona seguido de muerte, por lo que recibió doce años de condena. Mientras que el comisario Hugo Trentini fue condenado a quince años, como máximo responsable, instigador al abandono de persona y encubridor del homicidio. Se juzgó además a los falsos testigos, la parapsicóloga fue condenada a dos años por encubrimiento, los demás fueron absueltos por no tener probada participación directa en el crimen. Los docentes no fueron juzgados.

    ***

    Foto Archivo
    Foto: Archivo

    En la voz de Miriam se conserva algo de ese bramido subyacente, que a veces libera y ruge fuerte a la cara de los asesinos. Otras veces el dolor se guarda, se ovilla y se procesa, se reconvierte. La fragilidad de la extrañeza del amor, se vuelve abrazos tiernos, se hace guisos y milanesas, que llenan mucho más que panzas.

    Miriam reparte el amor que le dejó Sebastián, lo siembra.

    A partir del asesinato de Sebas, ha fundado en el barrio de Moreno La Casita de Sebastián, que se llena de niños a diario, en honor de su amado hijo.

    También es integrante del movimiento de Madres en Lucha contra la impunidad, un pilar que contiene el reclamo de justicia y sostiene la memoria por éste y otros casos de violencia policial e institucional.

    *** 

    La historia podría cerrarse ahí, pero en el año 2015 ocurre un suceso, que explica mucho y amplía el marco de contexto al caso Bordón.

    El ex comisario Hugo Trentini es condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura cívico militar, anteriores al crimen contra Sebastián.

    La misma persona, misma fuerza, mismos métodos.

    Trentini no era comisario aún, pero era policía y estaba de guardia cuando detuvo a Francisco Tripiana, el día 23 de Marzo de 1976, en la antesala del golpe de estado. Una semana más tarde, fraguaron un acta de libertad para el prisionero, a quien ya habían hecho desaparecer, con la misma metodología que conocemos, que nunca se abandonaría.

    (¿Acaso la represión empezó un 24 de marzo? ¿Acaso la dictadura terminó definitivamente en 1983?)

    Si el genocidio se hubiese condenado a tiempo, Trentini hubiese estado preso y no a cargo de una comisaría. Si el genocidio se hubiese condenado a tiempo, la policía no hubiese podido continuar en democracia con las mismas prácticas violentas y sistemáticas propias de la dictadura.
    Si el genocidio se hubiese condenado a tiempo Sebastián estaría vivo y tendría 45 años.

    Sebastián Luis Alberto Bordón fue víctima de la violencia institucional que trascendió la dictadura, a través de prácticas aberrantes, naturalizadas y avaladas por la impunidad cómplice, que hicieron y que todavía hacen que sean posibles tales prácticas en democracia.

    No son ni errores, ni excesos: son los mismos métodos.

    Esta es la mano dura que muchos quieren que vuelva, una fuerza bruta y matadora, que se quiere reforzar y enaltecer.

    Cualquier chico podría estar en la situación de Sebastián. Miguel. Walter. Ezequiel. Luciano. Santiago. Pueden ponerle el nombre que más quieran. ¿Alguien tiene un hijo para perder? ¿Quién está dispuesta ser la próxima Madre doliente?¿Qué hacemos para que estas historias no se repitan por la eternidad?

    Hay que seguir condenando el genocidio, sacando a la luz estos hechos, hay que seguir democratizando las fuerzas armadas y de seguridad hasta que desaprenden todas las lecciones de tortura, asesinato y desaparición forzada de personas.

    Hay que democratizar la justicia para acabar con la impunidad.
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    https://www.telam.com.ar/notas/202310/644199-sebastian-bordon-violencia-institucional-urondo.html