02 septiembre 2014

El libro de los Juicios, EDIUNC

 





"El libro de los Juicios", se presenta el próximo 9 de setiembre en la Universidad Nacional de Cuyo. A continuación, prólogo de Horacio Verbitsky, ilustraciones de Angela Urondo Raboy.

En abril de 2010 , Otilio Romano era amo y señor de la justicia
federal de Mendoza y su imperio basado en la defensa de la impunidad combinaba personal judicial con intereses políticos y económicos.
El diario Uno, de la sociedad que integran Francisco De Narváez, José
Luis Manzano y Daniel Vila, publicó una nota escandalizada con el título
«Magistrados en una conferencia. Omar Palermo, Héctor Cortés y Antonio
González Macías, integrantes de los Tribunales Federales, presenciaron una
charla de Horacio Verbitsky. Deben actuar en causas que se criticaron allí».
No es verdad que se hayan criticado las causas. Se denunció la complicidad
de Romano y de su colega Luis Miret con el terrorismo de Estado. El diario se preguntó si los jueces asistentes «están en condiciones de actuar de
manera imparcial cuando deberán dar a conocer sus sentencias en casos en que se investigan los hechos sucedidos durante la dictadura». Ese mismo
inaudito argumento emplearon los defensores de varios compañeros de
causa de Luciano Benjamín Menéndez para recusar a Cortés y sus dos
colegas del Tribunal Federal 2 por no declarar «la inconveniencia de haber
asistido a dicha conferencia». La conferencia la di yo, que no era parte en
esas causas, y ninguno de los jueces que me escucharon adelantó opinión
alguna sobre ningún hecho. Ni en ese ni en ningún otro expediente se discutía la legitimidad o la moralidad de los crímenes del Estado terrorista ni
la vigencia de las Leyes de Punto final y Obediencia debida, nulificadas por
la Corte Suprema y por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Lo único que se analizaba en cada juicio era la intervención que pudieron
haber tenido en los hechos las personas acusadas, determinar si cometieron o no los crímenes que se investigan. Cualquier otro enfoque encubría
una vergonzante convalidación del terrorismo de Estado.
Cuatro años después esto es evidente y tanto Romano como Miret y
los también ex jueces Rolando Evaristo Carrizo, Carlos Pereyra González,
Guillermo Max Petra Recabarren y Gabriel Guzzo, debieron sentarse entre
los acusados de la megacausa cuyana. Pero en aquel momento, denunciar
esa complicidad era visto como una osadía inviable. La suspensión de Miret
como profesor de la U N Cuyo, el juicio político a Romano y Miret en el
Consejo de la Magistratura, la fuga de Romano a Chile, su extradición concedida por la justicia y el gobierno de ese país, su alojamiento en una cárcel común y el juzgamiento de todos ellos en el mismo lote con el personal
militar, policial y penitenciario, de cuyos actos criminales fueron partícipes,
forman parte de un extraordinario proceso social y político que puso a la
sociedad mendocina a tono con lo que sucede en el resto del país. Sus distintos pasos y las dificultades que fue preciso superar son la materia de la
que está hecho este libro, con aportes de algunos de sus protagonistas fundamentales. Es un honor que me hayan invitado a presentar este trabajo,
que documenta el desmantelamiento del entramado de la complicidad civil
con el terrorismo de Estado.
Comienza con dos capítulos de orden histórico del fiscal Dante Vega y del
abogado Diego Lavado, que contextualizan y relatan los hechos, situándonos
en la época en que se produjeron las violaciones a los derechos humanos y
dando así un marco político a los demás capítulos.
Continúa con un análisis de lo que podríamos llamar el primer avance
producido en la provincia de Mendoza en el juzgamiento de estos crímenes,
demostrándose la necesidad que surgió durante el desarrollo de los juicios
de cambiar la calificación legal de los delitos atribuidos, para llegar a soluciones más justas en el castigo a los responsables de la desaparición forzada
de personas y los homicidios cometidos durante la dictadura.
La doctora Viviana Beigel, del Movimiento Ecuménico por los Derechos
Humanos, analiza la formulación realizada durante la investigación de las
causas, donde se acusaba por privación ilegítima de la libertad, lo que permitía a todos los imputados permanecer en libertad durante la tramitación
del proceso, demostrando el éxito de la ingeniería política del plan criminal para asegurar la impunidad de los represores. También analiza las sentencias del Tribunal Oral de San Rafael y Mendoza, que califican los hechos
como homicidio agravado.
Fernando Peñaloza describe el paso de la figura de homicidio agravado
a la de genocidio y analiza la dificultad para llegar a una condena por este
delito, para lo cual abrieron la puerta las sentencias de Mendoza.
El libro continúa con un análisis del caso de Paco Urondo, marcando un
avance en el descubrimiento de la verdad histórica para el crimen del escritor y periodista asesinado en Mendoza. Alfredo Guevara (h), cuyos padres
iniciaron la causa en cuanto fue posible, expone cómo se pudo descubrir
que la causa de su muerte fue un golpe en la cabeza propinado por uno de
los policías, que le destrozó la base del cráneo, y no la ingesta de una píldora
de cianuro, como se había creído hasta entonces.
Otro capítulo repasa la mencionada complicidad judicial, con un análisis comparativo de Nüremberg con Mendoza.
El proceso colectivo que se desarrolla en la causa 636F es analizado por el
abogado querellante Pablo Salinas, hijo de detenidos-desaparecidos y uno
de los principales impulsores del avance de las investigaciones, e incluye a
los ex jueces y ex fiscales de la dictadura, reconociendo como antecedente el
juicio a los jueces de Nüremberg. Queda claro que la resistencia que el aparato judicial oponía al avance de las causas por violaciones a los derechos
humanos era un acto en defensa propia por parte de los cómplices con la dictadura militar. Haber desbaratado esa obstrucción deliberada constituye un
hito en el juzgamiento de la responsabilidad civil en la República Argentina.
Otro avance importante que el libro recoge es el reconocimiento en la
jurisprudencia mendocina de los ataques sexuales cometidos contra las
víctimas del terrorismo de Estado.
Pablo Garciarena analiza cómo se logró hacer responsables a los autores
mediatos y jefes superiores por los delitos sexuales cometidos por los subalternos. Se deja de considerar el hecho como un delito de «mano propia», ya
que era imposible para las víctimas reconocer a los autores directos por la
situación de clandestinidad en que ocurrieron y las condiciones de la detención ilegal, con los ojos siempre vendados. Estos delitos formaron parte del
plan criminal y toda la cadena de mandos es responsable.
El último trabajo, de Romina Ronda, analiza los efectos de la tortura y de
la impunidad, rescata la recuperación de la memoria en la reapertura de los
juicios y la importancia de la sentencia como productora de la verdad jurídica.
La obra aporta experiencias de los actores directos, que podrá ser replicada en futuros juicios por delitos de lesa humanidad en el país y el mundo

20 abril 2014

Memorias de la casa arrasada en Tortuguitas

 Infojus Noticias

22 de Noviembre 2023 - 21:49 hs
20-4-2014|16:17|MEGAJUICIO ESMA IIESPECIALES

Ángela Urondo: memorias de la casa arrasada en Tortuguitas

 

La hija de Francisco "Paco" Urondo reconstruye, a partir del relato de su hermano Javier -a quien reencontró en 1994-, el secuestro de su familia en una quinta de Tortuguitas. TIempo después, detenido en Devoto, su padre empezó a escribir La patria fusilada.

Por Ángela Urondo

Verano de 1973

Cuando los escuchó bajar por los techos, mi hermano Javier creyó que venían persiguiendo a un ladrón. Abrió la puerta y se encontró con un tipo apuntándole con una ametralladora. Tenía 16 años y estaba en la casa con su mamá. Entraron un montón de policías armados, vestidos de civil. Se empezaron a llevar cosas y a romper otras Dejaron todo dado vuelta, en el suelo, en ruinas. “Ordená todo, pibe”. La voz del jefe del operativo quedó resonando cuando la patota se retiró llevándose a su madre. Pero ¿cómo se pone en orden eso? La casa arrasada. Desde el pasillo se notaba que también habían pasado por el departamento de adelante. Todo faltaba de su lugar, desde el teléfono de baquelita EnTel, hasta la herramienta de trabajo del vecino, su preciada guitarra. No fue un allanamiento, fue más bien un robo masivo de objetos y personas. El desmadre.

Tomando todas las medidas de seguridad a su alcance, Javier salió en busca de ayuda. Tenía que correr contra reloj para dar aviso en Tortuguitas. En la quinta Dixie vivían el viejo con Lili (Massaferro), -que todavía era su pareja- y Claudia, nuestra hermana mayor, embarazada, esperando su primer hijo con el Jote. Era una casa alquilada que compartían con algunos compañeros cercanos que se quedaban y otros miembros de las FAR que pasaban ocasionalmente para las reuniones. Pero cuando Javier llegó allá, no encontró a nadie. No pudo dar aviso. La quinta había caído, otra vez la misma escena. Otra vez la incertidumbre.

A lo lejos vio al consigna de guardia comiéndose un asado junto al casero. La posibilidad de haber caído en una trampa ratonera lo hizo retroceder sobre sus pasos y escapar de ahí. Dos cuadras, colectivo. Mirar atrás al bajar. Otras dos cuadras. Vuelta manzana. Colectivo en el sentido contrario. Mirar atrás al bajar. Vuelta manzana, dos cuadras más. Tren, dos estaciones. Mirar atrás al bajar. Vuelta manzana, dos cuadras, colectivo. Mirar atrás al bajar.

En casa de los abuelos ya se habían enterado. Habían recibido un llamado telefónico de una abogada del Movimiento. Los consternaba más la noticia de que su hijo era peronista, que la de que estuviera detenido. No lo podían creer. Los diarios titularon: “Inquietud por el paradero de Paco Urondo”, “Graves Revelaciones Sobre la Célula Extremista Descubierta en Tortuguitas”, “Tribunales: a ocho acusados por hechos subversivos, dictóse prisión”.

La prensa local operó justificando la acción represiva de la dictadura. Era época de Lanusse: la “dictablanda” por la que Lili había perdido a su hijo Manolo, asesinado por la policía dos años antes. La desaparición forzada de personas no era todavía una práctica masiva sistematizada como lo fue después. Las cárceles estaban atiborradas de personas aprisionadas por razones políticas. Por resistir, por intentar romper la dictadura.

Media familia con prisión preventiva –acusada de integrar una organización extremista– por los delitos de asociación ilícita calificada, encubrimientos reiterados, tenencia de documentos de identidad falsificados, automóviles robados, material de propaganda de las FAR, planos de comisarías, chaquetillas de uniformes de la Fuerza Aérea, tenencia de municiones, armas de guerra y explosivos. Dentro de todo, era buena noticia que los habían blanqueado.

Hubo inmediatas acciones de respaldo. En la defensa legal estuvo Rodolfo Ortega Peña. En París se constituyó un Comité de solidaridad, encabezado por Malitte Matta y Marguerite Duras, que enviaron un telegrama a Lanusse: “Pedimos confirmación detención del poeta Urondo y su familia y reclamamos liberación inmediata”. Llevaba las firmas de Sartre, Beauvoir, Bareiro Saguier, Régis Debray, Carlos Fuentes, García Márquez, Nathalie Sarraute, Semprún, Copi, Pasolini, Julio Le Parc, el comité de redacción de las revistas francesas Esprit y Les Temps Modernes, y los dirigentes de izquierda franceses Michel Rocard del Partido Socialista Unificado y el trotskista Alain Krivine.

“Parece según noticias de buena fuente, que de un tiempo a esta parte, no es nada fácil dar con vos personalmente. Siempre fuiste un poco jodón, pero en este caso estoy convencido de que no tenés la culpa de que los amigos no se puedan tomar un vino con vos, y como no soy rencoroso, te escribo Paco con la seguridad de que muy pronto has de cambiar de conducta y no solamente aceptar visitas sino incluso devolverlas…”, escribió Julio Cortázar en una “Carta muy abierta”, publicada por el periódico Libération. En cuanto pudo venir al país, bajó del avión y se fue directo a Devoto. Amenazando escandalosamente a los guardias con que escribiría sobre ellos, consiguió ingresar fuera del horario de visitas, y poner el hombro amigo al abrazo.

En la cárcel el viejo Paco fue sometido a una pequeña sesión de picana. Al Jote le dieron una bastante más grande. A semanas de las detenciones, las mujeres fueron liberadas bajo caución. Los demás pasaron casi cuatro meses presos. En la cárcel de Villa Devoto, Paco escribió tal vez los poemas más hondos, dejando bien dicho, que las únicas irreales, son las rejas.

La patria fusilada

Las expectativas estaban centradas en el fin de la dictadura. La restauración democrática y el fin de la proscripción del peronismo dejaban prever el comienzo de una nueva etapa con la ley de amnistía anunciada para los presos políticos.

El día de la asunción de Cámpora a la presidencia, mi hermano Javier se acercó hasta el penal para esperar las noticias. Cuando llegó, encontró una multitud que derribaba los portones para reunirse con los de adentro. Entró con una ginebra para el viejo y se zambulleron juntos en los festejos. Más tarde el viejo se reunió en una celda con los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew y juntos regaron de ginebra una de las conversaciones más difíciles de atravesar: la reconstrucción del fusilamiento de 19 prisioneros políticos, acribillados en la Base Naval Almirante Zar el 22 de agosto de 1972.

Las voces de Ricardo René Haidar, María Antonia Berger y Alberto Miguel Camps se condensaron en La patria fusilada, que deja constancia de lo ocurrido, exponiendo (al igual que Operación Masacre de Rodolfo Walsh), la forma en que se encubrían los fusilamientos en supuestas fugas. En el libro se detallan la masacre y su marco previo, el intento de fuga del penal de Rawson, pero también se encapsula el momento de la recapitulación en la última noche dentro de la cárcel. Toda la densidad de los silencios, en contraste con la algarabía desatada alrededor por las inminentes liberaciones. Antes del amanecer, el pueblo sacó a los presos políticos a la calle.

La primavera duró 34 meses, hasta que golpeó al país la siguiente dictadura y esa sí, fue bien dura. Muchos de los amnistiados cayeron entonces, definitivamente. Pocos lograron sobrevivir ese largo y crudo invierno del que nadie salió ileso.


Posdata

Nací en 1975 y un año más tarde perdí todo menos la vida. Padres. Casa, ropa, juguetes. Todas las cosas, los puntos de referencia, desaparecieron. Sustituida la historia de origen, la familia reemplazada y omitida. Me perdí de mí.

El 17 de Junio de 1976, el viejo Paco cayó muerto por un culatazo en el cráneo, durante un operativo policial de captura, del que mi mamá, Alicia Raboy, y yo resultamos secuestradas y del que ella permanece desaparecida. Algunos de los ejecutores físicos que participaron del operativo, fueron juzgados y condenados en 2011. Las penas están siendo cumplidas en cárceles comunes.

Claudia y Jote fueron capturados el 3 de diciembre de 1976 por un grupo de tareas de la Esma y desde entonces están desaparecidos. Claudia tenía 23 años y el Jote 28. Eran padres de dos hijos, que los sobrevivieron.

La patria fusilada fue valorada como prueba testimonial en el juicio por la Masacre de Trelew. Los responsables fueron condenados en 2012. Ninguno de los sobrevivientes a la masacre consiguió sobrevivir a la última dictadura.

Las causas abiertas en la caída de Tortuguitas nunca tuvieron un cierre formal. No hubo procesos de justicia por los abusos cometidos por las autoridades durante las detenciones de 1973.

Mi hermano Javier, afortunadamente, no perdió a su madre. En 2013 fuimos a los tribunales de Comodoro Py a escuchar sus testimonios en el Megajuicio Esma II, donde ofrecieron el relato de todo lo ocurrido, incluyendo la denuncia por las caídas de Tortuguitas, de la que habían pasado 40 años. Los jueces indagaron sobre el principio del final, revisando en perspectiva y teniendo en cuenta lo que vino luego. Este episodio fue un anticipo de la represión que se avecinaba, el marco previo al genocidio que se desencadenaría brutalmente a partir de 1976, con metodologías monstruosas y pérdidas enormes, que dejarían todo lo demás fuera de escala.

En mayo de 1994 mi hermano y yo nos encontramos por primera vez y empezó a disiparse la niebla. Corrijo la expresión: no fue la primera vez, nosotros nos conocimos antes, mucho tiempo atrás. Tanto tiempo atrás, que no podía recordarlo. 20 años parecían toda una vida entonces y ante el pésame por el tiempo perdido, ofreció el futuro: “Algún día habremos pasado más tiempo juntos, del que nos robaron”. Pronto cumpliremos nuestros primeros 20 años. No sé si haya forma de que el tiempo que nos perdimos uno del otro, pueda quedar compensado, pero paso a paso seguimos descubriendo cómo es esto de tenernos de hermanos. Él tiene recuerdos de lo que yo no alcanzo y me lleva. Me ubico en su memoria. Me aprendo. Nos tocó mucha tarea difícil: todo que rectificar y nado contracorriente. Hoy vemos crecer nuestra familia en una realidad más justa. Las pérdidas, son irreversibles, al igual que los reencuentros y las verdades develadas. Sin vuelta atrás, como el camino pertinente.

Foto de portada: Javier Urondo.

06 marzo 2012

Ladran




Ladran
perros grandes y chiquitos.
Ladran
vástagos y peones.
Ladran
los niños cantores.
Ladran
que nos fuimos sin gracias.
Ladran
incomprendidas desgracias.
Ladran
que tienen resto y sobra.
Ladran
a quién se atreva a aullar la falta.
Ladran
de llenos los pobres.
Ladran
enredados entre las patas altas.
Ladran
libertades bajo un pie que aprisiona.
Ladran
a la defensiva, ladran a la ofensiva.
Ladran
de arriba, dedito en alto.
Ladran
convencidos.
Ladran
confundidos.
Ladran
victimizados, victimarios y auténticas víctimas.
Ladrones, 
cola sucia entre las patas.
Ladran.
Ladran
sabios en su ignorancia.
Ladran
cerdos, gacelas y corvinas, todos tienen algo que ladrar.
Ladran
cuando cabalgamos y siguen ladrando cuando decidimos desensillar.
Ladran
porque sí, y también porque no.
Ladran
porque no hay otra forma.
Ladran
haciendo eco de sus propios ladridos.
Ladran
y el ruido se multiplica como la histeria colectiva.
Ladran
tan fuerte que se vomitan encima.
Ladran
tanto, que ya nada se escucha.

19 noviembre 2011

Daniela

Sueño que estoy con mis dos hijos en un lugar abierto, donde hay muchos amigos queridos. En un momento pierdo de vista a los chicos y doy voz de alarma. Hay una reacción instantánea y en seguida aparecen, primero el mayor y después el menor. Todos sonríen y se quedan tranquilos, sigue la fiesta, pero la nena no aparece por ningún lado. Busco a la nena. Es chiquita, igual al más chico pero mujer, idéntica a él, como su hermana melliza (claro que, fuera del sueño, mis hijos no tienen ninguna hermana melliza). Pregunto a todos y a cada uno de mis amigos si no vieron a “Daniela”. Me enoja que nadie la haya visto, que nadie pueda ayudar.

Me despierto y la nena, que en el sueño se pierde, me acompaña durante todo el día.

Angelita 1977

08 septiembre 2011

DNI

Soñé que, otra vez, perdía mis documentos
y me desperté, cansada de buscar.

03 agosto 2011

Voces fusiladas

Mendoza (Agencia Paco Urondo, por Omar Rocco) Jueves 28 de julio: En la Biblioteca Pública San Martín asistimos a la presentación de un libro que es la reedición de aquel que recopilara fielmente los testimonios de tres sobrevivientes de la masacre de Trelew ocurrida un 22 de agosto de 1972. Como se sabe, allí fueron fusilados 19 militantes políticos de las organizaciones revolucionarios y es en el interior de una celda que el poeta, periodista y militante Francisco “Paco”Urondo graba las entrevistas a María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar el día anterior a que todos los presos políticos –incluido Urondo- fueron liberados. Sentados a la mesa de presentación están los militantes de éste tiempo, Alfredo Guevara, Anabel Fernández Sagasti (La Cámpora-Mendoza), Oscar D´Angelo, escritor, médico psiquiatra, y docente de Palmira, San Martín y a la sazón, exquisito expositor sobre la creatividad artística de Urondo y su amalgama al cuerpo de una revolución posible. Especialmente invitada está la hija de Paco Urondo, Angela Urondo, ya que esta reedición de La Patria Fusilada (por la Editorial Libros del Naufrago) ha sido ilustrada por ella misma.

“Yo soy Angela, nací en 1975, tres años después de que la masacre de Trelew se llevase a cabo”, así inauguró la particular relación que la historia le deparó con un libro que al decir de Oscar D’Angelo es un documento privilegiado para los análisis posteriores, no sólo por lo que evidencia –las artimañas de la dictadura militar de la llamada Revolución Argentina contra las movilizaciones populares- sino para la especial función de poeta-cronista internado en un penal como presa político de una dictadura. .
“En realidad yo no supe quien era mi padre hasta que tuve veinte años, por lo cual viví siendo la hija de un matrimonio que la adoptó y que le contó que sus padres habían fallecido en un accidente de auto Así que yo viví en esa burbuja durante veinte años y un día me enteré que mis padres estaban desaparecidos y por esa información supe que el nombre de mi padre era Francisco Urondo y me dijeron que escribía libros de economía. Yo busqué por las librerías de la Avda. Corrientes en Buenos Aires, me dijeron que no se conseguía en las librerías comunes, había que buscarlos en librerías especializadas. Fui de a poquito descubriendo quienes eran mis padres, hasta que finalmente conocí a mi familia, a mi hermano, a una tía, que me ayudaron a recuperar mi historia... Esto es para contar cómo llego yo a leer La Patria Fusilada por primera vez. En ese momento, que yo me encuentro con mi familia a los 22 años, en la biblioteca que había sido de mi abuela, me fui encontrando con ese material y me lo tragué de un bocado. Sin ningún tipo de orden para incorporar toda esa información. Y lo que me pasó con el tiempo, con todo lo que leí en ese momento, es que se me empezó a confundir todo, porque lo había leído muy rápido. Y para colmo de eso, el año pasado cuando me proponen hacer la ilustración para la reedición del libro, me vi en la obligación personal de volver a leerlo, de tenerlo presente al momento de ilustrar.”.
A partir de este momento, del relato de Angela comienza una etapa distinta; es algo que se da muy pocas veces en las presentaciones de libros donde en general, el expositor logra atraer la atención de todo el auditorio. Esta vez, se hace un silencio profundo, como si todas las voces se hubiesen encontrado en una sola voz que de golpe empuje a todas las demás hacia la ternura, el dolor, la nostalgia frente a sentimientos muy profundos:
“Intenté releerlo y no lo pude leer. Y les voy a contar por qué. A mi me parece que este libro habla con una intimidad muy profunda. Cuando uno lee este libro realmente cree que puede escuchar a las voces de esas personas que hacen los relatos y da la sensación de que uno estuviera encerrado en una celda en la cárcel de Villa Devoto, la noche anterior a la amnistía. Si uno escucha mientras lee, se leen hasta los silencios. Yo creo que los silencios son lo más hondo que tiene este libro, es importante por lo que dice, pero también por sus silencios, Yo traté de leerlo pero no pasé de la décima página y como no pasaba de ahí, me dí cuenta de que este libro invita a meterse con ellos en esa celda y meterse con ellos en esa celda, implica meterse a otra celda. Yo siendo muy pequeña estuve en una cárcel, con mi mamá, parecida a la cárcel de Devoto, … tal vez por eso no pude seguir leyendo. Porque tengo mi propia experiencia respecto de la cárcel.”
Para irnos de ese lugar de tristeza y sin sabor colectivo, el ángel de la hija del poeta y el militante nos saca una sonrisa casi con mezcla de llanto y nos invita a todos a hacer memoria por todos los chicos que sufrieron de distinta manera la dictadura militar, por los que no sobrevivieron hasta hoy para ver justicia y también a seguir la lucha por recuperar a los cuatrocientos que todavía no aparecen. Ángela, a modo de conclusión de sus vivencias nos cuenta desde qué lugar puede entenderse que uno hace un “ homenaje” y es la historia la que aún no termina:
“No pude leerlo, no pude en ese momento, porque con mi cárcel, con mi propio dolor, y mi propia celda ya era suficiente, pero me sirvió esta reflexión para de todos modos ilustrar la reedición del libro que quiere ser un homenaje, más allá de a las víctimas de Trelew, extensible a todos los desaparecidos, sobre todo a los que no tuvieron su nombre escrito, y no lo van a tener porque no hay nadie que pueda pedir hoy por ellos.”
Para despedirse nos regaló una de sus vivencias, que muestra cómo paso a paso va construyendo su identidad y nos invitó a todos a ser concientes que día a día construimos una identidad como sujetos, como sociedad, como pueblo, con la cual tenemos que comprometernos y estar muy atentos, para no equivocarnos:
“Quiero contarles que el 24 de marzo de este año presentamos La Patria Fusilada en Trelew, en el mismo aeropuerto donde se produjo la fuga y la recaptura de algunos de los que intentaban escaparse y a esta presentación fuimos con Raquel Camps, la hija de uno de los sobrevivientes. También pudimos visitar la Base Almirante Zar, que estaba en ese momento con faja de clausura judicial. Se estaba decidiendo sobre el destino del juicio, finalmente la Corte Suprema decidió incluirlo dentro de los delitos de lesa humanidad para que pudieran ser juzgados dado el tiempo transcurrido. Y cuando fuimos en el viaje a Trelew charlamos sobre este libro, nos comentamos y nos sorprendimos, porque a las dos nos había pasado algo parecido, habíamos utilizado este libro para leer algo que no está escrito superficialmente, ni ella ni yo nos podríamos acordar de detalles anecdóticos del relato propio del libro, si no que las dos leímos buscándole entre líneas todo lo otro, todo lo que a nadie le importa salvo a alguien que ha perdido a su padre. También quiero decir que cuando yo supe mi verdad a los 20 años, era el año 1995, estábamos en pleno menemismo y el Estado nos pedía reconciliación, nos pedía que los familiares nos reconciliemos con nuestros victimarios y esto era absolutamente inaceptable y realmente hubo que organizarse y resistir esa violencia del Estado. Porque una cosa fue la violencia de haber sido secuestrados o haber perdido a nuestros padres, otra cosa es la violencia de la mentira y otra cosa distinta es la violencia del intento reconciliatorio que hubo por parte del Estado. Y a nosotros, quienes recibimos este horror de parte de ellos, horror que no nos pertenecía, que no buscamos, un horror con el que no queríamos convivir, un horror que no queríamos que nos signifique como personas, pero que nos tocó y tuvimos que ponerle el pecho. Ahora esta justicia nos está permitiendo quitarnos ese horror de adentro y dejarlo donde corresponde, devolvérselos a quienes lo pergeñaron, el horror que se vaya con los horrorosos…Nosotros nos podremos ir curando individual y colectivamente como sociedad; sólo tengamos cuidado: la justicia se construye todo el día y todo el tiempo y la democracia también.”

Publicado por Agencia Paco Urondo

01 agosto 2011

Familias Q'heridas

Familias Q'heridas, 17 de Agosto 19 hs, CCRecoleta. Pinturas, dibujos, collages, instalaciones de Ana Adjiman, María Giuffra, Jorgelina Molina Planas y Angela Urondo, con prólogo de Yuyo Noé + música de Ramón Aiub el día de apertura + "Eva y Lola"película escrita por Victoria Grigera Dupuy que será proyectada el día 20 de Agosto.











23 julio 2011

Creo que nací varias veces

Ángela Urondo Raboy: “Creo que nací varias veces”

Sociedad /  La hija de Francisco “Paco” Urondo y Alicia Raboy recuperó su identidad 15 años atrás, pero la Justicia todavía no reconoce su nombre legalmente. En diálogo con ElArgentino.com, repasó el camino que recorrió desde que supo la verdad de su historia.
20.07.2011 | 21.06    
Por Pablo Méndez Shiff
@pableshiff


Ángela Urondo Raboy cumplió 36 años el pasado 28 de junio. De ese tiempo vivido, hace 15 que se enteró de su verdadera identidad y comenzó a recorrer un camino personal complejo para poder reunir a todas las piezas de su vida que habían permanecido sueltas, dispersas.

Junto a otros hijos de desaparecidos, como María Giuffra, Ana Adjiman, Jorgelina Molina Planas, Ängela estará desde el 17 de agosto al frente de una muestra de pinturas, dibujos, collages e instalaciones en el Centro Cultural Recoleta. El nombre del evento es "Familias Q'heridas", un juego de palabras que habla de la intrincada relación entre el amor y el dolor.

ElArgentino: Hace pocas semanas cumpliste años, y pudiste celebrar conociendo tu verdadera identidad. En este recorrido que comenzaste hace 15 años, queda un asunto pendiente de resolución en la Justicia, que es que puedas llevar el apellido de tus padres: Urondo Raboy. ¿Cómo se va llevando esa causa?

Ángela Urondo Raboy: Creo que nací varias veces, con cada nombre que tuve. El cuerpo es el mismo, la historia es la fragmentada. El cuero va sumando las vivencias, uno se sigue alimentando, y la persona, crece, sin importar cómo se llame.

Si lo pienso, creo que siempre estuve en el camino de mi propia identidad, aunque durante mucho tiempo, impedida de poder reconocerlo; el instinto me ayudó a mantenerme conectada con mi propia naturaleza, por lo que gran parte de mi, de mi personalidad, siempre mantuvo el mismo espíritu, incluso ante situaciones de opresión. Claro, que desde que la verdad sobre mi origen se empezó a develar, todos esos fragmentos de vida, pudieron ser concadenados y todo dejó de ser pedacitos, para ser parte de un todo, que es mi historia, y es nuestra historia, colectiva.

Si bien ya llevo más de 15 años reapropiándome de mi identidad, y que desde que empecé a saberme Urondo Raboy, me asumí socialmente como tal, la necesidad de legalizar mi filiación natural, se presentó como una urgencia cuando me encontré embarazada de mi primer hijo. Entonces, dejé de postergarlo y presenté mi pedido a la justicia. Pasaron más de dos años, sin que ningún juzgado se decidiese a tomar la causa: uno lo dudó mucho y al final la rechazó, otro, sin dudar, miró para otro lado, y otro más, se tomó su tiempo de evaluar y finalmente la tomó.

El 22 de marzo, a tres años de presentada, fuimos por primera vez convocadas las partes a una audiencia pedida por mí, en la que firmamos un acuerdo de desvinculación con quienes fueron mis padres de crianza. Al estar de acuerdo las partes del litigio, se suponía que solo quedaba esperar un fallo judicial positivo. Siguió pasando el tiempo y a pedido de la fiscalía el juez, que insiste con la nueva audiencia, programada, no inmediatamente, para dentro de dos meses. Al juzgado no le urge resolver mi caso.

Mientras tanto, sigue pasando el tiempo y nada pasa. Tengo dos hijos, y el problema de nuestro apellido sigue sin resolverse, y según mi propia experiencia, es necesario estar concadenado legalmente a la familia, y por lo tanto hay que rectificar lo filiatorio, para no legar lo complicado. No sé que más necesita la Justicia para dar respuesta a mi pedido. Mientras tanto, Ángela Urondo no vota, no cobra un sueldo, no viaja, no compra, ni tiene cuenta. Legalmente Ángela Urondo no existe; pero aquí estoy, siendo, y lo que más ansío es poder dar a mis niños, el nombre de nuestros ancestros.

EA: ¿Qué sabes de tus viejos que no sabías hace 15 años? Una idea que planteaste en una entrevista anterior es que la dictadura los pudo haber matado, pero no logró desterrarlos.

AUR: Tendría que escribir un libro para responder esa pregunta, puedo contestar al revés, decir lo que sabía entonces, cuando no sabía nada.

Fui criada por una familia complicada, dentro de la rama materna de mi familia, que hizo borrón y cuenta nueva al decidir mi adopción a espaldas de mi familia paterna, en desventaja legal porque yo no llevaba su apellido. Crecí creyendo que mis padres habían muerto en un accidente de auto y que estaban enterrados en un lugar muy lejano llamado Mendoza. Crecí sin poder preguntar nada del pasado, casi sin querer saber, sabiendo, que lo que se escondía en el secreto, era un monstruo, que muy adentro mío, en un lugar de la memoria donde no hay palabras para las cosas, yo ya conocía.

Había soñado toda la vida con el momento de la pérdida y con los lugares donde pasé tras ese episodio, pero no podía comprender el significado de esos sueños repetidos. No podía explicar mi miedo. No sabía, que podían ser los recuerdos más antiguos de mi primera infancia grabados a fuego; la memoria del quiebre violento con que quedó atrás la vida anterior, ese proyecto de familia, que había existido, esa forma de amor, que yo había llegado a mamar, y que permanece dentro mío como una certeza, y que ahí estaba, manifestándose cuando no había correlato posible en el afuera, donde todo lo que había pasado, lo bueno y lo malo, había sido herméticamente omitido, tragado de un bocado por ese otro proyecto de familia que se impuso entonces.

De mi papá, no supe absolutamente nada, hasta poco antes de que se destapara la olla grande; como para que se fuera aliviando la presión, me adelantaron su nombre y con cuentagotas, me dejaron saber que escribía libros. Poco antes, me había enterado de que la causa de muerte había sido en manos militares y no en el accidente de tránsito, como me habían dicho todo ese tiempo. Yo tenía 19 años y ya todo se caía de maduro al punto de pudrirse, cuando abrieron un poco más y me soltaron que además tenía “dos hermanos, una mujer y un varón, más grandes, hijos de un matrimonio anterior” de papá. Hasta último momento quisieron sembrar la duda respecto del amor que ellos pudieran sentir por mí. Muy poco después se produjo el primer contacto, la vuelta al nido, tras una larga vida sintiéndome como en un pozo de otro sapo.

Lo curioso, es que a partir de que empecé a saber de mi papá, también me empecé a dar cuenta de lo invisibilizada que también había estado siempre mi mamá, de la que yo suponía, que lo sabía todo, aunque conocía poco más que su nombre: Alicia. El vínculo con mi abuela materna, continuó hasta su muerte, a mis ocho años, y mientras ella estuvo viva, mantuvo de algún modo presente, la figura nebulosa de mi madre.

Con la llegada de la verdad, y la madurez de las cosas, parte de mi familia materna, como los hermanos de mamá, hicieron un cambio notable, se abrieron al diálogo, al planteo de inquietudes, y a la posibilidad de reescribir el discurso histórico, permitiendo algunas posiciones críticas respecto de las decisiones tomadas. Me dieron las respuestas que les fui pidiendo, y aunque no siempre fueron las que yo hubiese querido, fueron respuestas valiosas, y válidas para trazar una relación distinta, mucho más conectada y profunda de lo que habíamos podido tener antes. Ellos me han ido acompañando estos últimos 15 años, devolviéndome la memoria de mi madre cada vez que les es posible, siempre que el dolor se los permite. Por ellos recuperé el ser Raboy, que para mí es tan importante como ser Urondo. Urondo Raboy. Raboy Urondo 
 

El periplo judicial de Ángela Urondo Raboy

Sociedad /  En paralelo a la causa en la que busca recuperar su nombre, la hija de Francisco “Paco” Urondo y Alicia Raboy participa de investigaciones judiciales por el asesinato de su padre y el secuestro y desaparición de su madre en Mendoza, en la que hay implicados miembros de la Justicia de Mendoza.
20.07.2011 | 14.06
Por Pablo Méndez Shiff
@pableshiff

“Por un lado, están los juicios que se están llevando a cabo desde noviembre, que reunían 19 causas en perjuicio de más de 34 víctimas, incluidos el asesinato de mi padre, y el secuestro y desaparición de mi madre, pero hace unos pocos meses, con el juicio ya muy avanzado, se produjo el apartamiento de la causa de uno de los imputados con mayor responsabilidad: el ex interventor provincial, Tamer Yapur, quién presentó un cuadro de demencia senil severa, por lo que en consecuencia quedaron en suspenso 12 de las 19 causas que había en curso. Y a menos que Yapur se reponga, no se podrá llegar a las sentencias en esas causas, para las que pudiera haber otra oportunidad, cuando se pueda juzgar a Menéndez en Mendoza, si la salud lo favorece”, cuenta Ángela sobre las causas judiciales de las que se encuentra participando.

“Entre las 7 causas que siguen en pie, se encuentra la de mis padres, cuya carátula está siendo contemplado que pueda ser ampliada, agregándose el intento de asesinato hacia Ahualli (nota: la compañera de sus padres que estaba con ellos en el auto, durante la persecución en que Paco fue asesinado y Alicia detenida) y hacia mí, como así también, mí secuestro. El 26 de julio, tras el receso invernal, se retomará el juicio y se calcula que habrá unas 5 semanas, como mínimo, de alegatos, tras lo que los jueces darán la fecha en la que tras su debate, dictarán sentencia”, agrega.
Al tiempo que se investigan el asesinato de su padre y el secuestro y desaparición de su madre, hay otras investigaciones en curso contra integrantes del Poder Judicial acusados de complicidad con la dictadura.

“Las causas contra los jueces, la pata civil de la dictadura, son aparte, pero están conectadas”, indica Urondo Raboy. “El juez de Cámara Otilio Roque Irineo Romano por ejemplo, sigue en actividad dentro de la Cámara Federal de Mendoza. Su despacho está dos pisos más arriba de donde se están desarrollando los juicios contra los represores, y de no ser por sus fueros, ya tendría que está preso por estar imputado, no como cómplice o encubridor, sino como partícipe necesario, en 103 delitos de lesa humanidad”, sostiene.

“El día 4 de Agosto, el Consejo de la Magistratura debía votar por el proceso de jury a Romano, pero decidieron posponer el tratamiento hasta el 17 de agosto, a diferencia de lo que ocurrió con Luis Miret, otro juez cómplice de la dictadura, junto con otro cuestionado por encubrir estos delitos, Julio Petra. Miret, con ´solamente´ 4 delitos, fue el primero en ser suspendido de sus funciones, juzgado, hallado culpable y destituido por delitos de lesa humanidad. Esperamos que Romano con casi cien delitos de ventaja, sea urgente separado de su cargo, y que pueda ser juzgado, con todas las garantías, como cualquier persona que haya sido parte de la represión y el exterminio del pueblo, pero con el agravante de que siguieron, y en el caso de Romano, todavía sigue, impartiendo impunidad en nombre del Poder Judicial, que suponía el deber de impartir justicia”, concluye.