12 de mayo de 2008

Conclusión 1

Cuál fue el comienzo de la muerte en vida de no tener fin? Cuán al principio? De todas las historias sin final, creo que la primera es mi madre. Secuestrada frente a mis ojos. Desaparecida para siempre. La incompletud de no volver a encontrarla. La Soledad. El ansia convirtiéndose en ansiedad. La incógnita. Chiquita, desarmada de las palabras, aún no aprendidas, cargando el sinsentido de no poder asignarle contexto a la tristeza. Un día muuuchos años después, durante un sueño psicodélico, volví en el tiempo. Viajé de regreso hasta ese lugar, en que me atrapaba mi pesadilla infantil más recurrente. Me encontré en ese mismo pasillo, donde las sombras me perseguían pisándome los talones. Busqué detrás de las puertas, detrás de todas las caras desconocidas, esa cara que no aparecía. Esa cara que me pertenecía. Cuando era una niña y ese era solo un sueño, siempre me despertaba en ese punto. Desesperada, sin saber como explicar porqué ese sueño feo, me daba tanta angustia. Pero como yo ya no era una niña, y eso no era exactamente un sueño, ese día fuí un paso más allá. Me arrastré hasta el final del pasillo y con mi manito empujé la última puerta. Ella estaba ahí. Ma Ma. Parada al final de los finales. Recién cuando la ví, supe que la había estado buscando toda la vida. Que ese era El vacío. La incógnita. El nudo en el estómago. Estiré los brazos y me abracé a su cuello -aunque fue mi amigo el pájaro quien me prestaba su abrazo ese día- Ahí estaba ella. Su olor. Su calor. Su respiración Sus ojos… Y yo, perdida en ella, en la felicidad de volver a verla, en su abrazo imposible. Imposible. Imposible. Imposible. Imposible… Con la velocidad divinorum de la salvia, mi madre se deshace en el abrazo. Busco su cara pero ya no la encuentro, Todo se ha transformado. Me encuentro con gente extraña. Gente que me da miedo. Quiero salir de ese abrazo, pero no puedo. Esa gente ahora me lleva a upa. Lejos. Y no me deja volver. Entonces me despierto asustada. Miro alrededor y sin saber que edad tengo, hablo con voz de niña, aunque ya tengo mas de 20 años. “…Creo que tuve un sueño… que siempre sueño… Creo que soñé un lugar…que creo que conozco… ese lugar…creo que yo estuve ahí antes….” Bastó que evocara ese lugar, para caer profundamente en trance nuevamente. Otra vez el mismo pasillo. Las puertas a los costados, que ya ni miro. Sé a donde ir. Sigo derecho al frente, directo hasta el final. Abro la última puerta. Ahí está ella otra vez. Ma Ma me sonríe, a unos metros de distancia. Ya no nos acercamos, por miedo a romper la magia. Nos despedimos. Hasta luego. El sueño se apaga. Vuelvo al tiempo real todos con los recuerdos a flor de piel. Me traigo impregnada la paz de su sonrisa y la seguridad de su abrazo. Creo que esa despedida fue el principio del fin de la inconclusión. Soy esa misma nena, siento el calor de mi madre que me abraza. Amándome del modo que solamente ama la madre. Plantándome con su amor en el mundo. Dejando en mí su huella, para cuando ella ya no esté. Soy mi madre que aún me abraza. Conservo su calor para siempre conmigo, haciéndome menos huérfana.