24 de septiembre de 2010

Franja Blanca

Mis papás, como buenos militantes, entregaban todo su sueldo a la Orga y vivían con una asignación, equivalente al sueldo de un obrero calificado. Ese dinero, apenas alcanzaba para cubrir los gastos básicos de la supervivencia y no cubría las demás necesidades, como los viáticos para las actividades de la propia militancia, por ejemplo. Mamá, prefería ir caminando a todas partes: Juntaba todas las moneditas y con lo que se ahorraba, compraba un paquetito de café Franja Blanca, que era el favorito de papá.
Un mimito pequeño burgués, en tiempos de Revolución.

2 comentarios:

capaclandestino dijo...

LLegué a tu blog por un comentario en el Página 12. Hoy es uno de los que me nutren, al igual que muchos amigos/as que saben de o conocen a gente que estuvo comprometida con la lucha por un país mejor. Desde Córdoba te mando un abrazo gigante y un besote. Gracias por todas las palabras.
En ese cafecito, en ese renglón, se lee muchísimo amor.

dianalaurencich dijo...

qué cotidiano y qué triste lo que contás, eh? no termina de asombrarme todo lo que se llevaron los milicos, además de los desaparecidos y asesinados, varias generaciones , porque las que dejaron las dejaron temblando de miedo, se llevaron la solidaridad y la confianza, el hacer por el otro a cambio de un sueldo de obrero calificado...a cambio de un lujo, el franja blanca...qué maravilla este blog, Angie. Beso.