15 de octubre de 2010

Huerfanitas

Cuando era muy chiquita, yo decìa que era Heidi. Me fantaseaba con ser esa niña corriendo por la ladera de la montaña, con las ovejas, las flores y la nieve. Heidi: la niña sin padres que vive con su abuelo en la montaña. Heidi, la que no necesita màs que el amor del abuelo para subsistir. Abuelito dime tù, porquè yo soy tan felìz. En segundo grado, el primer dìa de clases en la nueva escuela, cuando la señorita dijo que me presentara, yo les dije a todos que me llamaba Heidi. Inocencia. La maestra inmediatamente me contradijo aclarando que no, que mi nombre era Àngela. Los chicos se rieron de mi. Como se reìa Adriàn, el nene malo de la esquina, cada vez que yo le decìa, que si no me llamaba Heidi, no le iba a contestar. Yo amaba el mundo Heidi y me sentìa totalmente identificada con esa nena, a pesar de que todos me hacìan notar que no nos parecìamos en nada: Heidi era morocha y yo rubia. A mi no me importaba nada eso. Heidi era una niña libre, era como una meta, un sueño maravillado de imaginar que existirìan niños asì, casi silvestres. 

Un poco despuès, me hice fan de Annie. Para esa època, tenìa bloqueado todo mi origen. No solo lo que me habìan omitido, sino tambièn lo que yo habìa dejado de tener presente, lo que yo misma negaba. La historia de Annie me atravesaba, pero yo no podìa terminar de reconocer el espejo. Me veìa muy  parecida a la nena de la pelìcula, las dos pelirrojitas gordis, como de la misma edad…toda la situaciòn de la horfandad y el horfanatorio me obsesionaban. Me quedaba pensando como serìa pasar las noches en un lugar asi. Dormir en esos pabellones enormes sin nadie que me cuidara o me abrazara si me daba miedo. Seguro que tendrìa miedo en un lugar asì. Me imaginaba que lo peor que le podrìa pasar a un niño era ir a un orfanato. Yo no terminaba de sentirme huèrfana, porque no vivìa en un Horfanatorio. Cuando me hablaban de mi situaciòn, me decìan que desde que mis papàs murieron “en el accidente de auto” hasta que mi familia me fue a buscar, yo estuve en la “Casa-Cuna”. Yo no sabìa que era una Casa-Cuna, me imaginaba una casa con la forma de una cuna de mimbre gigante, con todos los pisos acolchonados y mantas enormes. Muchìsimos años despuès, me di cuenta de que Casa-Cuna era sinònimo de Horfanato. Y que, la angustia que me producìa imaginar la soledad del horfanatorio de Annie, era mucho màs profunda que el simple reflejo.
Despuès, ya nada de huerfanitas y me hice punk.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Sra. Angelita,celebro mucho lo que cuenta: ha sido una niña muy normal.En general (en especial las niñas) nos identificamos con personajes de la TV, a veces trágicos ,otras no tanto. Es parte de la vida en la infancia:Construir realidades usando situaciones de la ficción. Y no siempre relacionadas con hechos traumáticos.Ahora, por ejemplo, muchos se sienten personajes de Tolkien,de "El señor de los anillos".
Mariana.

Anónimo dijo...

Cosas de cualquier niño o niña que se precie de tal.¿Quien no ha querido ser Heidi o cualquier otro personaje de cuento y cambiar a sus padres, en el imaginario mundo de la infancia? Muy normal, por suerte, muy normal, Sra. Angelita.
Mariana
(PD ¿Sólo publica los comentarios que la aplauden?)

Sra. Angelita dijo...

Publico lo que me place, cuando a mi servidor de internet se le canta.

La palabra Normal, es sin sentido.

(Norma-mal)

Anónimo dijo...

No quiero imaginarme cómo te fue con los melodramas de Andrea del Boca,niña. Ahí sí que todos nos identificábamos con la mayor de las orfandades, madres muertas que se aparecían,parientes que maltrataban,una Andreita siempre sufriente pero buena, etc.etc.A los pibes (y pibas de la época),a pesar del sufrimiento y el miedo que nos producía, nos encantaba verlos.
Besos, Sergio

Sra. Angelita dijo...

jaja, por suerte no, me hice punk y zafè de Andrea del Boca y de Grecia Colmenares tambièn...