6 de abril de 2011

Ropa sucia, afuera.

De chica, me enseñaron que los trapos sucios había que lavarlos adentro de la casa, en el ámbito de lo privado. Adentro, no importaba tener la razón, tampoco importaba perderla. 
(Ahí siempre perdía). Cuando se pierde siempre, ya no importa, perder, deja de ser significativo.
Todo por perder, todo por ganar, da igual.
Acá estoy, desaprendiendo, desacatando, eligiendo, rompiendo la barrera de lo que era íntimo, escupiendo la mugre que todavía guarda esa casa. 
 Vuelvo para limpiar un lugar, que ya nadie habita, pero me pertenece.
…………….

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